(Escribí esta reseñita hace ya dos años, cuando leí por primera vez Una casa para siempre. Aunque torpe, la metáfora del puzle siempre me ha parecido muy acertada a la hora de expresar lo que es este libro, que sin proponérselo consigue una de las experiencias literarias más estupendas que he leído en años. Creo haber leído que Una casa para siempre fue visto en su día como un punto negro en la bibliografía de Vila-Matas; no estoy seguro de que esto sea 100% cierto, porque tengo muy mala memoria, pero extiendo mi dedo índice en señal de reto al crítico infame que pudiera despreciar un libro como este. Nada más.)
La historia de un ventrílocuo que pasa de tener una sola voz (gran problema en su profesión) a tener multitud de ellas, desdoblándose en multitud de voces que cuentan multitud de historias que van a confluir en una sola, la suya misma, la del ventrílocuo, su crimen pasional y su fuga. Un libro enrevesado, algo así como un puzle de 500 piezas en cuya caja sólo vienen 350 y de las cuales, además, 100 no encajan con el resto; un puzle inacabado pero en el que se puede ver la imagen con algo de esfuerzo. Un edificio en ruinas que preferimos ver así porque imaginar la historia de cómo llegó a su estado actual nos gusta más. Un buen ejemplo de por qué Vila-Matas es uno de los mejores escritores que he tenido la oportunidad de leer en muchísimo tiempo.

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[...] Una casa para siempre, de Enrique Vila-Matas: uno de mis libros favoritos del don Enrique. Últimamente he querido releerlo pero, en fin, está en una caja, qué le voy a hacer. [...]