
En mi casa no caben más libros en las estanterías, están totalmente llenas; es un hecho terrible pero contra el que no puedes hacer nada: comprar más libros sólo te lleva a comenzar a apilarlos en horizontal ante la falta de espacio, y cuando este método (muy incómodo, por cierto, a la hora de consultar tu biblioteca) deja de servir, las opciones se reducen. Hay quien comienza a poner los libros en el suelo; una opción muy moderna pero que desapruebo. Hay quien compra otra estantería; esta es una opción lógica pero hay quien no tiene espacio suficiente para más muebles, así que pongámonos en esta tesitura y digamos que no hay donde meter otra y tenemos que buscarnos la vida. Yo tengo unas cajas de cartón llenas de libros y, dejadme que os lo confiese, es una de las peores formas de organizar una biblioteca que existen.
Las cajas de cartón tienen ventajas sobre las estanterías en muchas ocasiones. En una mudanza, por ejemplo; sería una locura transportar los platos, los cubiertos, la plancha y las camisas usando una estantería. O cuando pides un DVD por Internet: pongamos que compras Memento y en vez de una cajita de cartón el cartero te viene con una estantería; está bien si pensabas ir a Ikea a comprar una esa misma tarde, pero en la mayoría de los casos sería un coñazo, máxime si tienes que ir tú a la oficina de Correos a recogerla. Y más si te duele la espalda; ay, cómo me duele la espalda ahora mismo, debo de haber dormido en mala posición; sólo de pensar en recoger una estantería y traerla a casa se me ponen los pelos de punta. Las cajas de cartón fueron inventadas para transportar cosas, no para servir de biblioteca.
Pero no tengo demasiado espacio, así que no me quedó otra que meter los libros en cajas de cartón que luego voy guardando en casa de mis padres, en mi habitación. Al principio las tenía en el suelo, porque así era más fácil rebuscar en ellas cuando me apetecía un libro concreto. Pronto descubrí que lo único que conseguía así era que mi habitación pareciera un almacén, con la consiguiente pérdida de calidad de vida que ello conlleva; quizá hay gente que duerme en almacenes sin problemas, pero a mí me perturba el hecho de sentirme mercancía, así que ahora las cajas están guardadas dentro de un armario. Libros dentro de cajas, cajas dentro de armarios; la dificultad para explorar mi biblioteca se multiplica por dos.
En esas cajas voy metiendo los libros que he leído, dejando así espacio en las estanterías para los que tengo por leer. En la casa de mis padres tengo dos estanterías llenas de libros intactos, y en mi casa tengo una también llena de compras compulsivas pero necesarias; sólo mantengo fuera 2666, de Bolaño, y las completas de Borges, por si las moscas. El caso es que en estas cajas de cartón hay libros que no he leído o libros que no he querido leer, por ejemplo:
- Viaje al fin de la noche, de Céline: la edición de bolsillo publicada en Quinteto tiene una traducción insoportable, por lo cual decidí no leerlo y meterlo en una caja. Me pareció terrible y tengo miedo a empezar a leerlo de nuevo, en otra edición, por miedo a atragantarme con las comas, demasiadas y puestas en sitios donde no deberían estar. La traductora de Murakami hace algo parecido. Un saludo a los dos.
- Anticreta, de Gabi Martínez: creo que lo compré en 2001 o 2002, y yo era muy joven y me impresionó mucho que el protagonista tomara pastillas en una rave en su viaje por Creta; lo recuerdo bastante mejor que cosas que he leído hace dos semanas, y eso que nunca me ha dado por releerlo en profundidad.
- Una casa para siempre, de Enrique Vila-Matas: uno de mis libros favoritos de don Enrique. Últimamente he querido releerlo pero, en fin, está en una caja, qué le voy a hacer.
También hay libros que he leído y no querido meter en las cajas. 2666 o las completas de Borges, como ya he dicho, pero también se han salvado de la oscuridad del armario la Poesía completa 1970-2000 y los demás libros de Leopoldo María Panero, o Niebla, de Unamuno, porque fue uno de los primeros libros que compré por mi propia voluntad; tampoco están dentro de cajas El factor Borges, de Alan Pauls, que es estupendo, o el Quijote en las distintas ediciones que he ido consiguiendo a lo largo de los años. En cualquier caso creo que ha quedado claro que una caja de cartón no es el mejor sitio para guardar los libros, más aún si tienes pretensiones de formar una biblioteca decente; de algún modo, parece que estás de mudanza constante y que tienes los libros guardados para irte pitando cuanto antes. La foto que ilustra esta entrada la hice yo mismo cuando, hace ya un tiempo, me cambié de casa y metí, una vez más, los libros en cajas, en esa ocasión para hacer una mudanza y no por cuestiones de espacio. Me recuerda a un skyline y siempre me hace pensar en la terrible organización de mis libros, sin duda mi posesión material más querida. Por eso he escrito esto.

3 Comments
¿Sabes qué es peor que todo esto que cuentas?
Tener unas cajas con libros en otra casa, ése es el auténtico hard mode del almacenamiento de libros. La única estantería que tengo en casa sospecho que hasta mi llegada fue utilizada de zapatero, no te digo más.
Déjame que abra mi corazón y te cuente algo de cuando era pequeñito. Cuando era pequeñito teníamos muchas casas, pero principalmente dos: la de invierno y la de verano, pueblo y playa. La cuosa es que la casa de la playa albergaba en su interior unas estanterías con unos libros concretos que no se movían de ahí: leías uno y lo devolvías a su estantería, esa era una de las verdades inamovibles del mundo. Y estaba bien.
Si el verano es un estado mental que consigo a base de la repetición de ciertos ritos, uno de los principales ritos era ese: releer por enésima vez alguno de esos libros. A ser posible en una mecedora bajo la parra de uva.
Cuando empezamos a ser todos unos teenagers de cuidado y nos dio por violar estas verdades universales el resultado fue inevitablemente que muchos de esos libros desaparecieron en las distintas mudanzas playa-pueblo-ciudad-pueblo. O sea que una vez más Normas Absurdas de Mi Madre 1 – Realidad 0.
“Tener unas cajas con libros en otra casa, ése es el auténtico hard mode del almacenamiento de libros.”
Ése soy yo.
Por otra parte: qué entrada TAN buena, VMM. Qué buena. Yo prefiero no pensar en qué pasará el día que tenga que sacar los libros de casa, así te lo digo.
Consigue como puedas leerte Viaje al fin de la noche. ¡Como puedas!