Es muy valiente arriesgar y tratar de romper las convenciones de un género; en este caso, de la novela negra. Es muy valiente, digo, cambiar al detective malhablado, bebedor, viril y con buen aguante recibiendo hostias como camiones cisterna por uno debilucho, cortés con las mujeres y desacostumbrado a los tragos largos de licores fuertes. [...]
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