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	<title>mondonuclear &#187; ebook</title>
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	<description>giant enemy blog</description>
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		<title>Borremos Ítaca de los mapas: sobre el libro electrónico</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jan 2010 14:19:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[ebook]]></category>
		<category><![CDATA[ipad]]></category>
		<category><![CDATA[Libro electrónico]]></category>
		<category><![CDATA[RANT]]></category>

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		<description><![CDATA[Leyendo sobre el iPad que presentó recientemente Apple, me he encontrado con esta noticia, en la que se destaca el siguiente fallo del aparato: «Con el iPad no se regala un frasquito de colirio. Digo, para los que lo quieran usarlo de lector de ebooks de forma prolongada». En principio OK, bien, lo acepto, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/01/jobsportatil.jpg" alt="" title="" width="540" height="321" class="aligncenter size-full wp-image-359" /></p>
<p>Leyendo sobre el iPad que presentó recientemente Apple, me he encontrado con <a href="http://www.appleismo.com/el-ipad-tiene-puntos-en-contra-es-un-iphone-grande-y-poco-mas-de-momento/">esta noticia</a>, en la que se destaca el siguiente fallo del aparato: «Con el iPad no se regala un frasquito de colirio. Digo, para los que lo quieran usarlo de lector de ebooks de forma prolongada». En principio OK, bien, lo acepto, no voy a sacar las garras todavía; pero leyendo en los comentarios encontramos esto: </p>
<blockquote><p>Nunca digas nunca jamás pero, para mi este nuevo juguete no tiene el más mínimo interés. <strong>Si quiero un lector de libros, me compro algo más baratito</strong>.</p></blockquote>
<p><span id="more-354"></span></p>
<p>Vale, sé que igual saco las cosas un poco de quicio, pero realmente me aterroriza (ya no <em>me irrita</em>, no <em>me pone de los nervios</em>, no <em>me toca las pelotas</em>) la expresión «lector de libros». Siendo más concretos: me aterroriza el hecho de que se esté creando, o se pueda estar creando, cierto tipo de persona que necesita un «lector de libros» como paso previo para la lectura misma de un libro, esto es, un aparato o reproductor o cacharro que les permita «descargarse» (¿quizá la descarga de cosas será tan masiva en un —no tan remoto— futuro que el hecho de que descargar implique pagar, o sea comprar, sea lo normal, y que la compra esté implícita en la descarga?) el, pongamos, último libro de Pynchon y leerlo? Rodrigo Fresán no es mi autor favorito, debo reconocerlo (sigo pensando que no le he cogido el truco), pero el otro día leí una cita de su última novela que viene bastante a cuento: </p>
<blockquote><p>Ya está.<br />
Ya se apagó.<br />
No hay más batería.<br />
Out.<br />
Off.<br />
K.O.<br />
Cierro el móvil y abro el libro y los libros nunca se descargan, los libros siempre funcionan, los libros siempre están dispuestos a ser leídos… Máquinas unplugged que se conectan instantáneamente a nuestros cerebros y nos poseen y nos invaden. Tal vez, ahora lo pienso, los libros sean organismos extraterrestres. Seres que nos abducen y nos llevan a otros mundos, a mundos mejores, a mundos tanto mejor escritos que el nuestro.</p></blockquote>
<p>Los libros «nunca se descargan, los libros siempre funcionan», esa es una de las propiedades que asocio automáticamente al concepto <strong>libro</strong>: un <strong>objeto</strong> que no se descarga, que no tiene entrada de altavoces ni un agujerito para enchufarlo a la corriente. Me da miedo —volviendo al tema— que de aquí a 2015 exista un nuevo tipo de lector: el que tiene una colección de libros inexistente, el que lee utilizando un cacharro y que cree que eso le ha hecho <em>más libre</em>, o cualquiera de los mil argumentos estrambóticos que suelen escucharse en los debates sobre si los ebooks son el futuro o no.</p>
<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/01/biblioteca-angelica-3.jpg" alt="I luoghi della memoria scritta. Le Biblioteche italiane tra tute" title="I luoghi della memoria scritta. Le Biblioteche italiane tra tute" width="540" height="300" class="aligncenter size-full wp-image-361" /></p>
<p>Hablando de esto con mi buen amigo Xavi Robles, me dijo que el libro electrónico permitiría que muchos autores que ahora no pueden publicar por motivos obvios encontrarían una vía de expresión, una forma de que la gente accediera a su libro y quizá su pasaporte al Olimpo de las letras. Un autor que no consigue publicar un libro en formato físico, ¿podría publicarlo en formato electrónico? Es decir, ¿podría conseguir que una editorial <em>pusiera en marcha su maquinaria</em> para que ese libro tuviera una edición, promoción y recorrido igual al de un libro de, digamos, Rodrigo Fresán? Lo dudo bastante. Leyendo en un blog uno de esos textos que hablan del libro electrónico como herramienta mágica que nos libraría por fin de esa especie de Reich Infinito que es la industria editorial, llegué a un punto en el que se decía que con esta nueva tecnología los editores y los libreros <em>desaparecerían</em>, al dejar su labor de tener sentido, si no se adaptaban a los tiempos. (Esta adaptación pasa, básicamente, por bajar los precios.) Déjenme decir lo que pienso a este respecto: con el libro electrónico el editor no sólo no puede desaparecer, sino que su trabajo resulta infinitamente más importante; la importancia de su trabajo aumenta tanto como aumenta el porcentaje de libros que quieran publicarse. Cuanto más contenido, más grande y resistente debe ser el filtro, o si no ya podemos darnos por <strong>bien jodidos</strong>. Yo compro libros de Anagrama porque sé que en esa editorial suelen publicar autores que me gusta <em>y</em> porque sé que su línea editorial es de mi agrado. Ahora mismo existen ya muchos libros, hay demasiados libros y resulta angustioso pensar que harían falta varias vidas para poder leerlos todos. Si con el libro electrónico el número de libros publicados (con o sin editorial de por medio) anualmente aumenta en un 800%, digamos, ¿no deberíamos hacer una petición a Dios para que pusiera siete u ocho meses más en el año? ¿No resulta una locura este <em>overflow</em> de libros sin control? ¿Cómo sabremos qué leer y qué no leer? ¿No es angustioso pensar en esa borgeana biblioteca en infinita expansión que acabará siendo, según los defensores del ebook, Internet?</p>
<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/01/sony-prs-700-ebook-ebooks-reader-front-248x300.jpg" alt="" title="" width="248" height="300" class="alignleft size-medium wp-image-364" />No, no es angustioso. ¿Por qué? ¿Es que si compras un ebook te dan un vale por dos vidas más, para leerte todos los libros del mundo? No, es porque un porcentaje enorme de los defensores del ebook <strong>no son lectores</strong>. Escribe Alan Pauls que «no todo el mundo ha leído a Borges. Todos, sin embargo, lo han <em>oído</em>»; es increíble que el grueso de la población universitaria (concretemos incluso más, seamos valientes: el grueso de la población universitaria de Letras, gente que debería tener cinco libros pegados al culo 24 horas al día) apenas sepan expresarse por escrito, apenas lean tres libros al año, y ahora resulte que todo el mundo quiera tener acceso fácil a toda la literatura de la historia para apresurarse a devorar la Divina Comedia como si no hubiera un mañana. Más aún: queremos el libro electrónico y la consabida reforma de la industria editorial para <em>comprar libros</em>, queremos tener cuatro mil libros en nuestros cacharros de tinta electrónica y que los cuatro mil sean perfectamente legales, así <em>salvaremos la industria del libro</em>. Creo que sería redundante decir que lo que se pretende con la expansión del libro electrónico es que nos bajemos todos libros gratis, que el nuevo de Dan Brown se filtre una semana antes para comentarlo cuanto antes en foros y blogs, mientras decimos que lo que hacemos es leer <em>libros libres</em> y demás paparruchas de cuento de terror. Dejo caer <a href="http://ishkarioth.com/luzbel/2010/01/12/desde-la-parte-descargante/">este link</a> por si se quiere ampliar información.</p>
<p>Sea como fuere, esté uno a favor o en contra del libro electrónico, la cuestión clave es la siguiente: aquí nadie habla de la literatura. Lo que importa es el libro como cosa que se tiene, amontonar información, el ser informado como paradigma del avance del siglo XXI. Amontonar música, películas y ahora libros, eso es lo que nos hará libres; ¿escuchar música?, ¿ver películas? De eso nada: que levanten la mano los que tengan una cantidad obscena de discos y películas que ni siquiera hayan escuchado o visto. Yo, personalmente, conozco a muchos que encajan en el perfil: soy uno de ellos. La dificultad a la hora de conseguir un libro o un disco hace que te impliques más en su posterior disfrute. Decía Cavafis: «Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca / debes rogar que el viaje sea largo (&#8230;) No has de esperar que Ítaca te enriquezca: / Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.» Es bonito conseguir un vinilo después de mucho tiempo buscándolo. Es bonito dar con un libro que llevabas tiempo ansiando; cuando lo lees (generalmente al instante y con voracidad) sientes que ese libro <em>te ha concedido ya un hermoso viaje</em>. Más aún: sientes que has comprado un libro, esto es, un «conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen», como dice la RAE. (La RAE también contempla una segunda acepción: Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. <em>Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico.</em>; la Real Academia es una putita de la corrección política y le gusta cubrirse las espaldas.) Cuando compramos un <em>libro</em> electrónico (y de ahí la cursiva del título), lo que compramos no es un libro: es una novela, un poema, un relato, una frase: un conjunto de unos y ceros que no podemos leer, algo que nos es totalmente ajeno a no ser que seamos unos <strong>putos locos</strong> y sepamos leer código binario. Compramos unos y ceros que no servirán de nada cuando la tecnología quede obsoleta, panorama improbable pero posible. Las bibliotecas del futuro, las compuestas por uno o varios lectores de libros electrónicos que se nutren de tarjetas SD, son bibliotecas imaginarias, invisibles, inexistentes. (Hablaré más sobre las bondades del formato físico en un futuro artículo sobre el disco de vinilo.)</p>
<p>Resumiendo: el mil veces citado «fin del papel» me aterroriza, básicamente porque veo dos fallos enormes en el mercado del ebook: uno, que sus profetas parecen no estar preocupados por la literatura y dos, que las supuestas ventajas parecen más teóricas que aplicables efectivamente, y por tanto me espero lo peor de este formato. La literatura no está ahora mismo en su mejor momento; quizá un paso como este sea radicalmente positivo, pero me imagino que será lo contrario: si los Dan Browns del mundo ya se forran con el formato físico y el estado actual de las ventas de libros, me resulta muy difícil pensar que el libro electrónico y la hipotética «popularización» de la lectura vaya a traernos catorce Bolaños y veinte Vila-Matas, sino más bien cincuenta Coehlos y doscientos Zafones. Sé que me dejo cosas en el tintero, pero volveré sobre este asunto en algún momento. Me gustaría animar al debate a cualquiera de mis millones de lectores; quitadme la razón, convencedme de que el libro electrónico es la leche; si sois dueños de una empresa de lectores de ebooks, mandadme uno a casa. Prometo guardarlo a buen recaudo, <strong>entre la tostadora y la batidora</strong>.</p>
<div id="attachment_362" class="wp-caption aligncenter" style="width: 543px"><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/01/colepinup.jpg" alt="Ilustración de Jack Cole." title="" width="533" height="623" class="size-full wp-image-362" /><p class="wp-caption-text">Ilustración de Jack Cole.</p></div>
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