Swansea Love Story: mi amor por ti es como un chute de jaco

Amy y Cornelius son dos yonkis que viven en Swansea, Gales. Swansea Love Story parte de su seguimiento, de su día a día, de espiar su intimidad, digamos; un punto de partida muy similar al de Dope Sick Love, documental de la HBO que ya he mencionado en alguna ocasión. A diferencia de esta última, la película que nos ocupa ahora no huye del efecto y de esa cierta épica del romance entre drogatas que tanto gusta a la generación hipster (aunque debo reconocer que yo también siento cierta atracción romántica por ellos). El resultado es una buena película con momentos asombrosamente potentes que quizá peca de errática, algo morbosa y demasiado ligera en algunos puntos. Pero de alguna forma la filosofía del documental me recuerda a un diálogo bastante memorable de El Pico (De la Iglesia, 1983), que dice así:

—Qué andas, repartiendo drogas, ¿no? ¿Te las da tu padre o qué?
—No: me las da tu puta madre.

Aunque Amy y Cornelius son omnipresentes, no son los únicos yonkis de la película. Swansea es una ciudad encantadora en la que el consumo de heroína se incrementó un 180% en los últimos cuatro años, con lo que no resulta complicado cruzarse con drogadictos paseando por sus calles; en los seis meses que duró la grabación de este documental, lógicamente, dio tiempo a cruzarse con muchos. Así, vemos claramente la magnitud del problema de la droga en Swansea: chavales que llevan drogándose desde los 11 años, chicas obligadas a ejercer la prostitución para pagar, además de sus propias dosis, las de su madre, familias enteras que queman sus días consumiendo toda clase de drogas. En Swansea, el tráfico de droga es un negocio familiar del mismo modo que en otros sitios lo es la panadería del barrio.

Esa épica del drogata de la que hablaba antes se ve desde el principio, justo desde que la película arranca. Un grupo de hombres, que luego descubrimos como coro, prepara las sillas de un salón de actos. Conocemos la ciudad de Swansea con la imponente canción del coro de fondo; asimismo, conocemos los inicios en el mundo de la droga de Amy con el acompañamiento musical del coro vocal masculino. Este tipo de trucos son un arma de doble filo, porque de la misma forma que potencian el efecto de las imágenes, también amarillizan el documental, le dan un cierto toque de sensacionalismo morboso y barato que no juega para nada a su favor: ese sensacionalismo que gusta tanto a los que, desde la casa de sus madres, ven a los yonkis como renegados, como figuras románticas admirables.

De cualquier forma, esta tendencia a lo amarillo no resta crudeza a lo que se ve en Swansea Love Story, que dejando el montaje, la postproducción y todo lo demás de lado sigue siendo el feroz retrato de una gente hundida y de una ciudad sin rumbo que no hace más que arrastrar a sus habitantes a una existencia miserable. Aunque la película tienda más a hacer humor que reflexión de ello1, es significativa la excursión al club de striptease: antes de ella, un anciano afirma que si viera a sus nietas trabajando allí aplicaría la eficaz terapia del bastonazo en la cabeza para intentar que cambiaran de opinión. Sin embargo, el sitio está lleno, y las trabajadoras muy contentas: estereotípica, Swansea parece una especie de trasunto de Sin City en donde las únicas salidas laborales son el tráfico, el trapicheo, el lapdance o, en el otro extremo, el cuerpo de policía, sin duda atareado persiguiendo y curtiendo a garrotazos a los junkies.

Swansea Love Story es una película cuya narración, muy hábil, no tapa los pequeños defectos de que adolece: lo liviano de sus reflexiones, lo desaprovechado de algunos de sus momentos, la tendencia al sensacionalismo. Aunque no llega al nivel de Dope Sick Love, cuya crudeza es como un golpe de mazo en los cataplines, el documental de VBS.tv es muy interesante y, como ya pasó con la guía de viajes de Liberia, nos enseña la cara menos amable de este mundo de gente bien vestida. Los que estén acostumbrados a Vice ya saben qué esperar.

  1. Existen excepciones: el speech de la hermana de Cornelius sobre la influencia de la familia en el comienzo de la drogadicción, por ejemplo; toda la escena familiar, en realidad, deja ver (y quizá sea el primer sitio) un poco el drama auténtico de la pareja protagonista, desenmascara de alguna forma el romanticismo de su adicción y muestra bastante descarnadamente lo que pasa: están hundidos en la mierda hasta el cuello y nadie de su círculo puede hacer nada por ellos, porque están en la misma situación. []
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One Comment

  1. Nacho Viejo
    Posted 24/02/2010 at 12:53 am | Permalink

    Estuve viviendo seis semanas en Swansea cuando era joven y puro y el caballo no cabalgaba salvaje en las orillas de su oscura bahía, así que me interesa bastante.

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