Patty Diphusa, de Pedro Almodóvar

Desternillante: no se me ocurre otra palabra para describir la historia de Patty Diphusa, primera parte del librito publicado por Anagrama y que incluye, aparte de esta historia (publicada en La Luna entre 1983 y 1984 y posteriormente ampliada), textos de diversas procedencias y géneros, reunidos bajo el honesto epígrafe de Relleno, y unos muy divertidos Consejos para llegar a ser un cineasta de fama internacional que cierran el libro con una mirada rabiosamente sarcástica del panorama cinematográfico y sus protagonistas, secundarios y figurantes.

Por más que pienso otra palabra con la que referirme a la escritura de Almodóvar en Patty Diphusa, sobre todo en los capítulos originales del 83 y el 84, la única que se me ocurre es punk. Irreverente, grosera, basta, malhablada, Patty nos cuenta en primera persona sus peripecias sexuales, sus fiestas, las veces que la violan, su amor por un taxista («una mezcla de Robert Mitchum y Sean Connery», según dice ella misma). Desfilan anglicismos, palabras enteras en mayúsculas para reforzar su efecto, palabras malsonantes… todo, como ya digo, muy punk; huelga decir que no es un libro extraordinario en lo literario, pero su velocidad y morbosidad le confieren un atractivo especial para aquellos a los que la Movida madrileña les haga tilín.

El Relleno es más irregular, con textos como Modas y costumbre de los noventa (absolutamente desternillante) y otros más dirigidos sólo a seguidores de la producción cinematográfica de Almodóvar, en los que habla sobre sus películas y de aspectos relacionados con ellas. Por último, los Consejos para llegar a ser un cineasta de fama internacional son una lectura breve y absolutamente trepidante en los que el mismo Almodóvar aconseja, muy sarcásticamente, a un hipotético aspirante a director de cine, haciendo al mismo tiempo una revisión muy divertida y riéndose de sí mismo de sus años de juventud. Pongamos un par de ejemplos; el aspirante a director llega a Madrid desde su pueblo, en el que su experiencia con la escritura era mínima, casi nula. Recomienda así Almodóvar:

«…nada más poner un pie en Madrid, a pesar de tus escasos años, debes sentirte y comportarte como un consumado escritor, entre otras cosas. Imagínate que en la estación de autobuses (…) te encuentras con una “vieja estrella” (…) Se te acerca y te pregunta:

—¿Estás buscando trabajo?
—Sí.
—¿Qué sabes hacer?
—Soy artista.
—¿Qué tipo de artista?
—Pues, guionista, director y, a veces, sólo con mis amigos, actor y modelo.
—¿No son demasiadas cosas?
—No. Mi sed de experiencias es inagotable.»

O, ya siendo un director reconocido, qué decir a la salida de un estreno; por ejemplo:

«•Si los diálogos son ininteligibles:
TÚ.- ¿Improvisas mucho?
DIRECTOR.- No, nada. Mis guiones son de hierro.
TÚ.- ¡Quién lo diría! Porque los diálogos suceden con tanta naturalidad que casi parece un documental.
DIRECTOR.- Pues me lo invento yo solo. Eso sí, ensayo mucho.
TÚ.- Chico, eres un genio.»

En fin, un texto lleno de pasajes muy divertidos e ingeniosos, que después del bajón que pega el libro en su parte de Relleno hace que la lectura vuelva a valer la pena y, al terminar el libro, haya merecido la pena echar una tarde con él. Si un gran libro es aquel que te hace reír, te entretiene y, al mismo tiempo, constituye un documento valioso sobre una época (en este caso, los años de la Movida), puedo decir que Patty Diphusa es un gran libro.

This entry was posted in Crítica and tagged . Bookmark the permalink. Comments are closed, but you can leave a trackback: Trackback URL.
Part of Vice blogging network