Con Candaya siempre tengo la impresión de que buscan otro Fernández Mallo; como que siempre tiene que ser revolucionario. Luego se me pasa esa impresión porque no es así, pero cuando estoy en la librería es lo que pienso. En el caso de Órbita, esta sensación fue multiplicada por el prólogo de Manuel Vilas, que no habla más que del futuro, de lo mutante y de lo afterpop, y de Fernández Mallo, que es un realista (dice Vilas). (Estoy de acuerdo.) Parece que tengamos prisa en poner etiquetas, cuando de toda la vida las etiquetas nos las pondrán cuando estemos muertos; primero en el dedo gordo del pie, luego en la lápida, luego en los libros de Literatura. Órbita es un libro de relatos bastante competente. Empieza con un relato homónimo y excelente, con algún ramalazo borgeano y ese algo que se te quede pegado en la cabeza; luego baja, y se hace un poco universitario para mi gusto, demasiado de finalista de Jóvenes Talentos Booket1, pero da la sensación al final de que sólo ha bajado para coger fuerza y subir más alto en los últimos relatos, que retoman el nivel del primero y entonces llegamos a “Zaragoza, a 8 de noviembre de 2002 (Segundo Premio)”, que es otra genialidad. El libro se cierra con “Últimas señales”, un buen punto de partida al que le sobran páginas, y al final resulta que Órbita es un buen libro de cuentos al que le sobran el futuro, lo mutante y lo afterpop: Miguel Serrano ha hecho literatura sólida y punto. No nos enterremos tan pronto.
- Un abrazo al jurado; a ver si el año que viene. [↩]

One Comment
“El futuro, lo mutante y lo afterpop”.
¿Eso no es muy 2003 a estas alturas? Creo que casi cualquier libro es mejor sin todo eso.