Gasolina, de Quim Monzó

Cuando compré Gasolina me fijé principalmente en tres cosas: a) en la portada, que es rosa, b) en la edición (Compactos Anagrama, que estamos en crisis), y c) en el autor, Quim Monzó, que es un tipo que me hace mucha gracia y cuyos libros siempre compro con devoción y grandes esperanzas, aunque Mil cretinos me pareció muy flojo y me dije al terminarlo que no compraría nada más de Monzó en la vida, maldito catalán, grité alzando el puño, no me vas a estafar nunca más. Pero vaya, es que me hace mucha gracia el señor.

Cuando empecé a leer Gasolina me dio mala espina, no consigo recordar por qué pero sí recuerdo la sensación de querer dejar de leerlo. Al final no sólo no lo dejé sino que me lo leí del tirón, las dos partes, Enero y Diciembre, que componen la novela, y resultó que me gustó a pesar de todo (porque hay pesares, haylos).

El libro es sobre un pintor que está con una marchante y de sus respectivas infidelidades. Lo que cuenta no es hilarante per se pero Monzó se las apaña para que te rías leyendo; recuerdo vivamente algún pasaje, como cuando el protagonista de la primera parte (spoiler: hay dos protagonistas) se tira una taza de café por la cabeza o cuando, más adelante, ya en la segunda parte, el personaje principal atiza con fuerza a un adulador. No me pareció tan brillante como La magnitud de la tragedia, de todas formas, y sería más disfrutable de no ser por los constantes errores y faltas que hay en el texto.

No tengo a mano una copia del libro, pero ya en la primera página recuerdo que se puede leer un havia, así, con uve y sin tilde, que no hace otra cosa que meterle a uno ganas de arrancarse los ojos con unos alicates. No sé si es que soy muy nazi en este sentido o que realmente es así de molesto para todos, pero personalmente tuve que hacer la vista (muy) gorda para soportarlo. Cada vez que topaba con una falta o algo que no consideraba correcto (comas, generalmente) tenía que hacer un esfuerzo para seguir, un poco como me pasa con Murakami (hola, Lourdes Porta). Viaje al fin de la noche lo dejé a medias precisamente por eso, porque me niego a leer cosas tan feamente escritas (hola, edición de bolsillo de Quinteto). Aun con todo, me reí con él y para mí eso ya es un triunfo; por eso recomendaría antes Wilt que Tu rostro mañana, por ejemplo, o Gasolina que La insoportable levedad del ser. Hay momentos para todo y no seré yo quien recomiende meterse en camisas de once varas.

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One Comment

  1. Posted 10/05/2009 at 12:51 am | Permalink

    Vaya Chico, entré por casualidad pensando que esto seguiría cerrado y menuda sorpresa que me llevo. Espero que ahora tengas más suerte :)

    De Monzó no he leído nada, pero me quiero pillar algún libro de relatos que a priori me llama más la atención que este Gasolina, de todas formas me lo apunto.

    Un saludo

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