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	<description>giant enemy blog</description>
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		<title>Willard y sus trofeos de bolos, de Richard Brautigan</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 11:05:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Brautigan]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora que la genial editorial Blackie Books ha publicado en español, después de tantos años, La pesca de la trucha en América, parece claro que un poco de Brautigan por las librerías no va a hacer daño a nadie. Ha sido llegar La pesca y de pronto este Willard y sus trofeos de bolos ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/08/9788433912237.gif" alt="" title="9788433912237" width="150" height="236" class="alignleft size-full wp-image-708" /> Ahora que la genial editorial Blackie Books ha publicado en español, después de tantos años, <em>La pesca de la trucha en América</em>, parece claro que un poco de Brautigan por las librerías no va a hacer daño a nadie. Ha sido llegar <em>La pesca</em> y de pronto este <em>Willard y sus trofeos de bolos</em> ha llegado detrás, ¡pop!, ha surgido como surgen las cucarachas cuando llega el verano. La historia de esos trofeos de bolos robados que custodia Willard es tan sencilla que a veces espanta —malísima costumbre esa de despreciar lo sencillo, que no lo simplón—, hasta que te das cuenta de que todo tiene un sentido y que Brautigan no pretendía otra cosa que hacer que ese humor-bomba que encierra el libro fuera accesible a todos, para que cualquiera pudiera verse golpeado en la nariz en cualquier momento por él. Desternillante por momentos y amarguísimo cuando menos te lo esperas, <em>Willard y sus trofeos de bolos</em> se puede y se debe leer de una sentada; el poso que deja, y que va madurando en nuestro interior, se aprecia mejor cuando nos entra de una vez. Echando la vista atrás, resulta imposible no recordar la desquiciada y alcoholizada escritura de Brautigan, única escritura posible para un personaje como él, con cariño e intención de repetir. Necesitamos reposar la risa para ver el libro tal y como es; lo <a href="http://brautigan.cybernetic-meadows.net/tiki-index.php?page=parra81">dice</a> mejor que yo Ernesto Parra: «es entonces cuando del texto o de la pantalla se desprende el gas hilarante para, después, una vez en calma, reseñar la sabiduría infalible del refrán: &#8220;quien bien te quiere te hará llorar&#8221;».</p>
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		<title>Less than zero, de Bret Easton Ellis</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 08:12:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Bret Easton Ellis]]></category>

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		<description><![CDATA[Un profesor mío de Literatura en la universidad1, un tipo encantador y estupendo y con el que trabé cierta relación rayana a la amistad, decía que José Ángel Mañas era el Bukowski español. Leyendo Less than zero, de Bret Easton Ellis, pensé mucho en Mañas (en el Mañas del Kronen, no en el de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img alt="" src="http://knopfdoubleday.com/marketing/mediacenter/LessThanZero.jpg" class="alignleft" width="150" height="232" />Un profesor mío de Literatura en la universidad<sup><a href="http://www.mondonuclear.es/blog/less-than-zero-de-bret-easton-ellis/#footnote_0_703" id="identifier_0_703" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Recuerdo ahora que escribo la palabra universidad que mis profesores, todos, ten&iacute;an la man&iacute;a de escribirla con la letra inicial en may&uacute;scula; un poco como Dios/dios, y yo siempre la escrib&iacute;a en min&uacute;scula y me lo hac&iacute;an ver como un fallo, como un error. Nada m&aacute;s lejos de mi intenci&oacute;n que rebelarme a estas alturas, pero que quede claro: la labor de la mayor&iacute;a, no todos, de mis profesores de la universidad era demasiado mediocre como para merecer esa may&uacute;scula diferenciaci&oacute;n por la que tanto luchaban.">1</a></sup>, un tipo encantador y estupendo y con el que trabé cierta relación rayana a la amistad, decía que José Ángel Mañas era el Bukowski español. Leyendo <em>Less than zero</em>, de Bret Easton Ellis, pensé mucho en Mañas (en el Mañas del Kronen, no en el de los Oráculos) y en todo aquello que no pude apreciar en sus libros cuando todos parecían estar más que encantados con ellos; parecido a lo que me ha pasado con Ellis, al que a menudo he oído alabar por su valentía y su frescura y en el que no he encontrado nada que, leído hoy día, no resulte ya trillado y pocho. Quizá en su día <em>Less than zero</em> supuso algo que hoy no logro percibir, pero a la hora de la verdad lo único que he visto en la primera novela de Ellis es un montón de yonkis viendo la MTV, asistiendo a fiestas y sufriendo, muy entre comillas, el terrible destino del niño bien californiano; en su brevedad sufre de exceso de páginas: 150 páginas menos habrían sido más que suficientes para introducirnos a Clay y su círculo, empaparnos en la rutina y soledad y tedio de esas fiestas toxicómanas y golpearnos con el amargo tramo final, quizá la única parte que me consiguió despertar un poco. Quizá, ya digo, en su día <em>Less than zero</em> supuso algo; hoy, todo lo que cuenta no consigue mover, y hace falta un ejercicio de retrotracción demasiado grande para pensar en la MTV de los 80 y no imaginar a Clay y pandilla viendo compulsivamente <em>Pimp my Ride</em> y <em>Jersey Shore</em><sup><a href="http://www.mondonuclear.es/blog/less-than-zero-de-bret-easton-ellis/#footnote_1_703" id="identifier_1_703" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Que es lo que hago yo.">2</a></sup>.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_703" class="footnote">Recuerdo ahora que escribo la palabra universidad que mis profesores, todos, tenían la manía de escribirla con la letra inicial en mayúscula; un poco como Dios/dios, y yo siempre la escribía en minúscula y me lo hacían ver como un fallo, como un error. Nada más lejos de mi intención que rebelarme a estas alturas, pero que quede claro: la labor de la mayoría, no todos, de mis profesores de la universidad era demasiado mediocre como para merecer esa mayúscula diferenciación por la que tanto luchaban.</li><li id="footnote_1_703" class="footnote">Que es lo que hago yo.</li></ol>]]></content:encoded>
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		<title>El discurso vacío, de Mario Levrero</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 16:29:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Levrero]]></category>

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		<description><![CDATA[Uf, qué poco inspirado estoy hoy. A mí La novela luminosa de Levrero me gustó mucho, y la recuerdo ahora porque su recuerdo es como la atmósfera de mi día de hoy: neblinosa, multicolor, como de gelatina. Es que tengo mucho sueño. En fin, que La novela luminosa me gustó mucho y este discurso vacío [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/08/el-discurso-vacio.jpg" alt="" title="Crítica de El discurso vacío, de Mario Levrero." width="206" height="320" class="alignleft size-full wp-image-700" /> Uf, qué poco inspirado estoy hoy. A mí <em>La novela luminosa</em> de Levrero me gustó mucho, y la recuerdo ahora porque su recuerdo es como la atmósfera de mi día de hoy: neblinosa, multicolor, como de gelatina. Es que tengo mucho sueño. En fin, que <em>La novela luminosa</em> me gustó mucho y este <em>discurso vacío</em> de <em>El discurso vacío</em> (la redundancia vale) parece o puede parecer una extensión de aquella novela con prólogo de cuatrocientas páginas en el que Levrero pedía perdón al señor Guggenheim por estar desaprovechando la beca, observaba a una paloma muerta y organizaba las fotografías pornográficas de su ordenador, entre otras muchas cosas. Es una novela densa y muy dura, aquella, todo lo contrario a <em>El discurso vacío</em>, que es un libro que pesa como aire y se lee como agua, si es que el agua se bebiera y esta no fuera otra de mis desastrosas metáforas somnolientas. Es un diario. <em>El discurso vacío</em> es un diario que tiene como objetivo mejorar la caligrafía de su autor, para de este modo mejorar su estado de ánimo, asociación que al planteársela le parece muy lógica y ya está. Se debate entonces entre la escritura como ejercicio, con fijación en la forma y la legibilidad de la letra, y la escritura literaria, con contenido, y fluctúa así entre el discurso vacío y el ejercicio grafológico; y no es tanto como <em>La novela luminosa</em>, con la que (aun con años de distancia entre una y otra) tiene relación, pero es suficiente y es Mario Levrero y con eso me vale. ¡Ay!, qué cansancio tengo en el cuerpo. Quizá fue porque el otro día estuve en la playa y allí me leí del tirón <em>El discurso vacío</em>. Jamás tanto vacío causó tanto cansancio. Ahora entiendo a las chicas guapas con sus libros de Moccia.</p>
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		<title>La verdadera historia de Sebastian Knight, de Vladimir Nabovok</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2010 14:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>

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		<description><![CDATA[V, el narrador, se plantea escribir una biografía sobre su hermanastro, Sebastian Knight: primero, porque la biografía que acaba de publicar su secretario no es fiel a la verdad, y segundo para tratar de saber más sobre su hermano, aquel escritor al que, se da cuenta V, no acabó de conocer nunca bien. Y este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img alt="" src="http://www.anagrama-ed.es/img/portadas/CM195.jpg" class="alignleft" width="100" height="160" />V, el narrador, se plantea escribir una biografía sobre su hermanastro, Sebastian Knight: primero, porque la biografía que acaba de publicar su secretario no es fiel a la verdad, y segundo para tratar de saber más sobre su hermano, aquel escritor al que, se da cuenta V, no acabó de conocer nunca bien. Y este es el centro de la narración: entre incertidumbres, pistas (falsas y verdaderas) e investigaciones que le llevan de un lado a otro siguiendo la memoria de su hermanastro, V no acaba de saber, no acaba de descubrir ninguna verdad; la imposibilidad de este conocimiento profundo del otro nos sobrevuela durante toda la novela, creando un clima absolutamente exquisito que Nabokov remata con su prosa elegantísima, precisa y genial de punto a punto. (Fue, merece la pena decirlo, la primera novela escrita en inglés por el autor de <em>Lolita</em>.) <em>«The only real number is one, the rest are mere repetition»</em>, dice Sebastian Knight en uno de sus libros, y en esa repetición se diluye el mensaje, se pierde la capacidad de conocimiento. La memoria y la escritura como repetición de la vida, repetición que impide, una vez más, alcanzar la <a href="http://dioptrias.net/la-verdad-no-esta-aqui-dentro/">verdad</a>.</p>
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		<title>Imagínese</title>
		<link>http://www.mondonuclear.es/blog/imaginese/</link>
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		<pubDate>Mon, 09 Aug 2010 18:20:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Citas]]></category>

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		<description><![CDATA[Una vez dijo que no editaría a nadie que le cayera como el culo. ¿Si fuera ese el caso de Carlos Ruiz Zafón o Ildefonso Falcones, también les diría que no? —(Risas) Les diría que no, aunque me cayesen de maravilla. Imagínese. Ana S. Pareja, editora en Alpha Decay, en El País. También en Viceland.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/08/anaspareja.jpg" alt="" title="" width="540" height="299" class="aligncenter size-full wp-image-693" /></p>
<blockquote><p><strong>Una vez dijo que no editaría a nadie que le cayera como el culo. ¿Si fuera ese el caso de Carlos Ruiz Zafón o Ildefonso Falcones, también les diría que no?</strong><br />
—(Risas) Les diría que no, aunque me cayesen de maravilla. Imagínese.</p></blockquote>
<p>Ana S. Pareja, editora en Alpha Decay, en <a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/publicaria/Ruiz/Zafon/Falcones/cayeran/maravilla/elpepusoceps/20100725elpepspor_5/Tes">El País</a>. También en <a href="http://www.viceland.com/blogs/es/2010/08/09/lunes-literarios-ana-s-pareja/">Viceland</a>.</p>
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		<title>La nube de smog, de Italo Calvino</title>
		<link>http://www.mondonuclear.es/blog/la-nube-de-smog-de-italo-calvino/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 Jul 2010 13:42:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Italo Calvino]]></category>

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		<description><![CDATA[1) Hace un tiempo compré la Novela de Ferrara, de Giorgio Bassani, sin saber muy bien por qué. Ni conocía al autor, ni tenía ninguna referencia, ni me sonaba nada del libro que me pudiera haber animado a hacer tal compra; a día de hoy todavía no lo he leído, creo que ni siquiera lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/07/italo_calvino_la_nube_de_smog.jpg" alt="" title="" width="540" height="162" class="aligncenter size-full wp-image-688" /></p>
<p><strong>1)</strong> Hace un tiempo compré la <em>Novela de Ferrara</em>, de Giorgio Bassani, sin saber muy bien por qué. Ni conocía al autor, ni tenía ninguna referencia, ni me sonaba nada del libro que me pudiera haber animado a hacer tal compra; a día de hoy todavía no lo he leído, creo que ni siquiera lo he abierto, pero aquella tarde en que lo compré sentí algún tipo de atracción extraña hacia él. No diría pasión, sino más bien una atracción lenta pero imparable. <strong>2)</strong> Hace unos días, estaba dando una vuelta, como llevo haciendo habitualmente desde que vivo en Barcelona, por la librería Canuda cuando vi dos libritos de Calvino, dos ediciones de la colección Libro Amigo de Bruguera que me llamaron mucho la atención: <em>La especulación inmobiliaria</em> y <em>La nube de smog</em>. <strong>3)</strong> Leyendo este segundo, compuesto por los relatos «La nube de smog» y «La hormiga argentina», me llegó a la cabeza una reflexión interesante: el segundo cuento, en el que un matrimonio se muda a vivir al campo y descubre que su casa, y todo el pueblo, está lleno de una especie de hormiga, la hormiga argentina, que no tiene piedad a la hora de invadir cada rincón, no es un cuento de terror, ni mucho menos; es más bien un cuento, como «La nube de smog», en el que se narra la tragicómica (super)vivencia de personajes que viven en sitios extraños para ellos en los que algo (las hormigas o el polvo) que todo el mundo parece ver normal les perturba y desquicia. <strong>4)</strong> Decía que este cuento no es de terror, ni creo que se proponga provocar terror en el lector; si acaso parece pretender inquietar. Sin embargo, ciertos eventos de mi vida reciente han hecho que leer «La hormiga argentina» haya sido una experiencia terrorífica, un constante soltar el libro y rascarme para desprenderme de los bichos que, me imaginaba, trepaban por mi cuerpo. Resulta que hace unas semanas descubrí con horror que en tres botes que había en la cocina, botes llenos de pasta y arroz, había una enorme familia de bichitos viviendo. El arroz y la pasta, que posiblemente llevaba años ahí (desde luego, desde mucho antes de que nosotros llegáramos a la casa), se habían convertido en el hogar de los insectos, que tenían montada una súper estructura de celdillas en la que, al parecer, hacían vida. Nosotros ni sabíamos que esos botes tenían algo dentro, pero en cuanto nos enteramos y vimos los cientos de bichitos que había dentro nos deshicimos rápidamente de ellos. Más adelante, la noche en que España ganó el Mundial, una cucaracha recorrió ante nuestros ojos atónitos la cocina hasta recibir muerte por zapatazo; un par de días después, vimos otra por el pasillo, y de nuevo un zapatazo acabó con su vida. Los bichos me ponen muy nervioso; nada me puede dar más miedo que una invasión de cucarachas, pero toda la gente de Barcelona con la que hablo me dicen que es normal, que en verano las cucarachas son normales y que no pasa nada, un poco como los vecinos del protagonista de «La hormiga argentina», que ante la mención de las hormigas se ríen «como no dándole importancia» al asunto. <strong>5)</strong> Una lectura terrorífica pero provechosa: ambos cuentos, pero sobre todo «La hormiga argentina», son más que disfrutables, si bien no tan notables como otros libros de Calvino; menos <em>oulipo</em> que <em>Las ciudades invisibles</em> o <em>Si una noche de invierno un viajero</em>, digamos. <strong>6)</strong> Mientras leía a Calvino este fin de semana me vino a la cabeza varias veces aquella novela de Bassani que aún no he leído y que me espera en la biblioteca; quizá por lo italiano, quizá por haberlo visto de reojo echando un vistazo a los lomos de los libros que hay en mi estantería. Hoy mismo, buscando más sobre el cuento de las hormigas que tanto me había inquietado, vi que fue publicado originalmente en 1952 en la revista Botteghe Oscure, revista que dirigía Giorgio Bassani, autor de la <em>Novela de Ferrara</em> que compré hace ya un tiempo y que desde entonces ni he abierto, aquel libro que me mira desde la estantería a la espera quizá de que yo encontrara una señal, un <em>algo</em> que me animara a leerlo.</p>
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		<title>El community manager que salvó a la prensa especializada</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jul 2010 08:33:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Videojuegos]]></category>
		<category><![CDATA[community management]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando escribes en un medio especializado (yo lo hago, desde hace ya unos cuantos años, en AnaitGames) resulta duro tener que dedicarte a todo un poco. En mi caso, además de escribir noticias diariamente, analizar varios juegos por semana y gestionar un poco la comunidad, tengo que editar, por suerte con ayuda de mis compañeros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/07/ordenador.jpg" alt="" title="ordenador" width="250" height="193" class="alignleft size-full wp-image-676" /> Cuando escribes en un medio especializado (yo lo hago, desde hace ya unos cuantos años, en <a href="http://www.anaitgames.com/">AnaitGames</a>) resulta duro tener que dedicarte a todo un poco. En mi caso, además de escribir noticias diariamente, analizar varios juegos por semana y gestionar un poco la comunidad, tengo que editar, por suerte con ayuda de mis compañeros (magníficos profesionales), textos de otros; por si fuera poco, no me dedico en exclusiva a AnaitGames: tengo, vayamos al grano, mucho trabajo a lo largo del día, y si ya voy muchas veces pillado de tiempo haciendo lo que tengo que hacer e incluso menos, creo que es razonable que no esté demasiado dispuesto a, además, ser <em>product manager</em> de todo lo que llega a las tiendas.</p>
<p>Yo, como periodista especializado en videojuegos, no tengo por qué solucionar las dudas de la comunidad sobre los productos de los que hablo; <em>puedo</em> hacerlo, pero no es lo que tengo que hacer. Para una distribuidora, lógicamente es nefasto que en un foro, o en los comentarios de una noticia, los usuarios empiecen a despotricar, pero no es mi trabajo calmar a nadie. Tampoco tengo por qué saber si en el juego se podrán llevar dos o tres o cuatro armas al mismo tiempo, si habrá granadas de plasma y se podrán combinar con granadas normales o si en tal modo multijugador se podrá jugar con un personaje u otro; todas esas cosas <em>pueden</em> saberse, y entonces la prensa las sabrá (o no; por mucho que lo parezca, el deber de la prensa no es saber absolutamente todo sobre algo) y podrá, si así lo desea, decírselo a los usuarios que lo pregunten en sus comunidades. Pero no es nuestro trabajo y agota, agobia y al final cansa un poco. Es por ello que los <em>community managers</em><sup><a href="http://www.mondonuclear.es/blog/el-community-manager-que-salvo-a-la-prensa-especializada/#footnote_0_673" id="identifier_0_673" class="footnote-link footnote-identifier-link" title="Persona encargada de crear, gestionar y dinamizar una comunidad en medios online. En contra de la creencia popular, los community managers no deber&iacute;an ser chavales de 16 a&ntilde;os con mucho tiempo libre, sino que saber juntar palabras con cierta gracia y tener al menos unas bases de marketing decentes hacen mucho, mucho por el &eacute;xito de su trabajo. Tambi&eacute;n es oportuno que sepa de lo que habla.">1</a></sup> pueden ser un complemento perfecto para la prensa, en este caso, de videojuegos.</p>
<p>Si quieres una comunidad <em>online</em> contenta, bien informada (o informada como quieres, que al final es lo que viene a significar <em>bien informada</em>), no desconcertada y dispuesta a elegir tus productos sobre los de la competencia, lo primero es tener a alguien <em>dentro</em> de las comunidades, dinamizándolas y dándoles las respuestas que necesitan. Una comunidad en la que se resuelven dudas, se realizan promociones especiales, se ofrecen incentivos, etc., es una comunidad contenta: esa es la gente que va a querer comprar tu juego, la que ve que detrás de la compañía hay gente real que ve al consumidor como gente real y no como números que se traducen en billetes. La industria del videojuego, y en general todas, debería invertir en ese sentido: contratar <em>community managers</em> profesionales, bien formados, que se tomen el mantenimiento de la comunidad como un trabajo. El producto ha llegado a un medio nuevo, las comunidades <em>online</em>, y es de recibo que sea gestionado de forma adecuada por gente que sepa de ese medio. De esta forma, la relación entre profesionales y usuarios mejoraría y a los periodistas, que ya tenemos suficiente con lo que tenemos, nos quitarían un peso de encima, quizá el que necesita la prensa especializada para echar el vuelo y dejar de ser, como lleva ocurriendo desde hace tanto tiempo, una gigantesca y mediocre sucesión de publirreportajes.</p>
<ol class="footnotes"><li id="footnote_0_673" class="footnote">Persona encargada de crear, gestionar y dinamizar una comunidad en medios <em>online</em>. En contra de la creencia popular, los <em>community managers</em> no deberían ser chavales de 16 años con mucho tiempo libre, sino que saber juntar palabras con cierta gracia y tener al menos unas bases de marketing decentes hacen mucho, mucho por el éxito de su trabajo. También es oportuno que sepa de lo que habla.</li></ol>]]></content:encoded>
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		<title>Confabulario definitivo, de Juan José Arreola</title>
		<link>http://www.mondonuclear.es/blog/confabulario-definitivo-de-juan-jose-arreola/</link>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 13:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>chiconuclear</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Juan José Arreola]]></category>

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		<description><![CDATA[Este Confabulario que Arreola publicó en el 52, es un libro realmente influyente. No sólo influyó a Cortázar, que coge directamente algunas cosas de Arreola y las reescribe, como quien dice, las rehace para que sean suyas (&#8220;La autopista del sur&#8221;, un magistral cuento de Cortázar, desarrolla una idea lanzada por Arreola en &#8220;El guardagujas&#8221;, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.mondonuclear.es/blog/wp-content/uploads/2010/06/9788437605753.jpg" alt="" title="" width="200" height="323" class="alignleft size-full wp-image-671" /> Este <em>Confabulario</em> que Arreola publicó en el 52, es un libro realmente influyente. No sólo influyó a Cortázar, que coge directamente algunas cosas de Arreola y las reescribe, como quien dice, las rehace para que sean suyas (&#8220;La autopista del sur&#8221;, un magistral cuento de Cortázar, desarrolla una idea lanzada por Arreola en <a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/guarda.htm">&#8220;El guardagujas&#8221;</a>, un magnífico texto incluido en este <em>Confabulario</em>: «Mire usted: la aldea de F. surgió a causa de uno de esos accidentes. El tren fue a dar en un terreno impracticable. Lijadas por la arena, las ruedas se gastaron hasta los ejes. Los viajeros pasaron tanto tiempo, que de las obligadas conversaciones triviales surgieron amistades estrechas. Algunas de esas amistades se transformaron pronto en idilios, y el resultado ha sido F., una aldea progresista llena de niños traviesos que juegan con los vestigios enmohecidos del tren»); no sólo influyó a Cortázar sino que es imposible, a poco que uno se dedique con más o menos habilidad o fortuna a la literatura, no sentirse atraído por su influencia y recoger alguna de las infinitas chispas de genialidad que lanza el escritor mexicano, una tras otra, en sus cuentos. Resulta difícil leer &#8220;La migala&#8221;, otro de los cuentos, y no sentir una turbación profunda las horas, días o semanas posteriores («Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres»); o no conmovernos con &#8220;El faro&#8221;, esa infidelidad narrada por el miembro extraño, el tercero en discordia, y sus palabras sobre el hombre que está siendo engañado: «Su presencia es insoportable porque no nos estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio». Resulta irresistible perderse en la literatura de Arreola, en estos dos volúmenes que recoge el <em>Confabulario definitivo</em> (muy bien prologado y anotado en la edición de Cátedra) y cuyos cuentos sorprenden, incluso ahora, por su frescura y rabiosa originalidad, bastante rara de ver y, por descontado, muy de agradecer.</p>
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