Como todas las mañanas, hoy me he metido a la web de El País a ver cómo van las cosas fuera de esta casa de la que tan poco salgo. A pesar de que no era mi intención, me chupé un anuncio terrorífico que ocupaba toda la pantalla y que me avisaba de que si soy autónomo, con Movistar tengo una tarifa que me ofrece llamadas gratis. Una vez atravesado esto, leo: «Merkel pide sanciones para evitar que Irán tenga la bomba atómica». Angela Merkel, canciller alemana, tiene miedo de que Irán desarrolle la bomba atómica y se convierta en un peligro. Pone: «La OIEA, organismo dependiente de Naciones Unidas (ONU), ha elaborado un documento de 10 páginas del que se extrae que target=blank> (sic) Teherán puede estar trabajando en el desarrollo de cabezas nucleares para misiles.» Encima tiene erratas. Ligeramente desquiciado, he accedido a la web de El Mundo sólo para comprobar que Orange también tiene alguna oferta jugosa que ofrecerme; lo he sabido porque un anuncio intrusivo y lamentable ha ocupado mi pantalla durante unos segundos. Ya dentro, leo: «Muere un niño de cuatro años al desplomarse el techo de su casa». Me intereso por el suceso: hago clic en el titular y, dentro de la noticia, un anuncio de Shutter Island, la nueva película de Scorsese, se come la pantalla y me impide ver qué ha pasado con el pobre niño; cuando me deshago de la publicidad la navegación no mejora demasiado, sino que se transforma en una aventura: rastrea la información entre anuncios de Vodafone, Movistar, Páginas Amarillas y Banesto, y ten mucho cuidado de no poner el cursor donde no te mandan porque el anuncio letal de la última de Scorsese puede salir en cualquier momento, ocupando toda la puta pantalla.
El mensaje final está claro: cuando un periódico da más importancia a la publicidad que a la información (cuando un niño muerto deja de ser un niño muerto y pasar a ser sólo unos cuantos millones de impresiones de los banners), el resultado sólo puede ser catastrófico.

¿El niño? Debajo de DiCaprio, creo que nos lo hemos dejado por ahí.
Recuerdo que me empecé a dar cuenta de lo terrible que es la publicidad en este tipo de páginas cuando, en Diciembre, me enteré de la muerte de Brittany Murphy. Lo escuché y rápidamente busqué en Google brittany murphy death, tratando de comprobar si era un bulo o realmente la actriz estaba muerta. El primer resultado fue al grano: habían encontrado muerta a Brittany Murphy, edad 32 años, más información en el interior. Cuando accedí a la página, un vídeo publicitario de 35 segundos me bloqueó el paso a la información: era obligatorio verlo antes de saber qué cojones había pasado con Brittany. No recuerdo absolutamente nada del anuncio en cuestión, porque cualquier efectividad que pudiera haber tenido follándose mi cerebro, que es al fin y al cabo lo que hace la publicidad, se esfumó cuando vi que la información era tan parca que decía exactamente lo mismo que el titular: que estaba muerta y que tenía 32 años. Al lado, una foto de cuando Brittany Murphy tenía 29.
Comprendo que los periódicos tienen que vivir de algo; en este caso, lógicamente, de la publicidad, que con el volumen de visitas que tienen estos diarios online tiene que dar una buena cantidad de dinero. No estoy en contra de la publicidad, Dios me libre: yo mismo forraría mis calzoncillos con anuncios de Pepsi si eso me reportara beneficios (más información a la derecha, en esa columnota de AdSense tan maja). Pero una cosa es poner publicidad en la web del Marca o en una web de videojuegos o en tu blog personal, para ver si puedes rapiñar unos euros del AdSense, y otra muy distinta es empapelar las webs de los dos diarios más importantes de España con publicidad de compañías telefónicas y de bancos. ¿Por qué no colocar una página antes de la portada de la versión en papel, anunciando calzoncillos, y que sea el usuario quien tenga que arrancar esta página si quiere acceder a los titulares? Ya que estamos, podríamos ser aún más intrusivos y colocar astutos dispositivos que hicieran que la publicidad no se fuera de la pantalla hasta que el usuario la haya mirado fijamente durante treinta segundos. A este paso, pronto la información será un complemento de la publicidad en los diarios online, que serán catálogos actualizados diariamente. Eso por no hablar de la credibilidad del periódico, que se ve seriamente afectada cuando tu información está sufragada por aquellos que protagonizan (o podrían o deberían protagonizar) las noticias que se publican. Desgraciadamente la publicidad pone cadenas, y no puedes cagarte en la boca del que te paga las lentejas porque lo mismo te quedas sin ellas, y al fin y al cabo hay que comer.
¿La solución? Yo no la tengo en mente, desde luego1, y la verdad es que no pretendo descubrir América ahora mismo; sólo quería liberar un poco de la furia que me provocan este tipo de acciones instrusivas. Lo que tengo claro es que a) es bastante impensable un diario realmente independiente, con una política publicitaria que no se mee en la cara del lector2 y que no cierre puertas a ciertas informaciones, una especie de equipo de periodistas del hambre que informen de todo sin tener a Telefónica encima, vigilando y con el garrote listo para darles un golpetazo si se van de la lengua; y b) si no lo cambian los grandes, la capacidad de mamoneo de los que tienen el dinero va a llegar a un punto de dictadura informativa tal que no sería de extrañar que un día en portada en El Mundo viéramos a Zapatero esgrimiendo una Coca-Cola mientras Rajoy hace lo propio con una Pepsi: cuando la frontera entre márketing e información se diluye, el sueño de la publicidad produce monstruos.
- Aunque, y haciendo un poco de autobombo, me viene a la cabeza el caso de la nueva publicidad de Eurogamer: la publicidad está presente por todos los lados, sí, pero en ningún caso resulta intrusivo o molesto; sólo si el lector quiere un vídeo se despliega, pero única y exclusivamente si el lector quiere; no se nos obliga a verlo, se nos ofrece la posibilidad. [↩]
- Me estoy dando cuenta de que lo escatológico está presente a lo largo de todo este texto; ha sido sin querer, pero creo que es una metáfora bastante acertada: la publicidad, que podía haber sido un delicioso manjar para el usuario, ha pasado por el sistema digestivo del ultracapitalismo y se nos ha devuelto como todos sabemos ahora: en forma de pura mierda. [↩]

3 Comments
Ahora que la televisión comienza a despejarse de anuncios, nos encontramos que “tan solo” se están mudando a otros medios. -_-
Y lo que nos queda.
Propongo a los señores de El Mundo que para cerciorarse de que los anuncios se han visto hagan un pequeño test a los usuarios que pretendan cerrar la ventana. Algo estilo «¿Qué descuento puedes llegar a obtener dando de alta la tarifa Autónomo++ 24h con Movistar?» o «¿Quién protagoniza el nuevo anuncio de Channel Nº5?», y un pequeño campo para responder.
Cuando empiecen a hacerlo, recuerden que lo leyeron primero aquí.
Va por ti, Villuendas:
«In October of 2009, a new application from Apple landed in the U.S. Patent Office.
Their words:
“Apple can further determine whether a user pays attention to the advertisement. The determination can include performing, while the advertisement is presented, an operation that urges the user to respond; and detecting whether the user responds to the performed operation. If the response is inappropriate or nonexistent, the system will go into lock down mode in some form or other until the user complies. In the case of an iPod, the sound could be disconnected rendering it useless until compliance is met. For the iPhone, no calls will be able to be made or received.”»
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[...] poco escribí una entrada en este blog titulada El sueño de la publicidad produce monstruos. En ella, reflexionaba sobre el abuso de publicidad que los diarios online llevan a cabo, un abuso [...]
[...] oculto el enfado que me producen los periódicos cuando toman decisiones estúpidas con tal de sacar unos euros [...]