Cuentos por teléfono, de Gianni Rodari

Ahora que mi blog forma parte de la Vice Blogging Network, qué mejor que hablar de un libro de cuentos para niños escrito por este simpático italiano que firma y fuma rodeado de una turba de FANÁTICOS DE LA LITERATURA. Resulta que recibí este librito de cuentos como sorprendente regalo de cumpleaños, y procedí rápidamente a leerlo como si no me quedara demasiado tiempo de vida; menuda sorpresa lo que me encontré, menuda sorpresa.

Rodari recuerda por momentos en sus cuentos al Kipling de sus Cuentos de así-fue-cómo…, sólo que Rodari es mucho más macarra; en sus cuentos, los niños rompen ajuares completos y tiran paredes a martillazos, pasean tan despistados que pierden las extremidades por el camino, esclavizan a sus hermanos mayores urdiendo fabulosas estrategias para reducir su inteligencia a mínimos casi animales. Sus cuentos tienen algo de escabrosos y mucho de luminosos; son brillantes, veloces, es casi imposible no comerse el libro entero en una tarde. No enseñan a los niños a dejarse dominar, a ser obedientes porque los mayores tienen ese derecho innato; enseñan a aprender de ellos, a exprimir su experiencia y hacerla nuestra para que las siguientes generaciones hagan lo mismo y progresen, a comprender que esta es la única forma de que no sobreviva la estupidez y la ignorancia; enseñan a intentarlo, a esforzarse, a hacer caso sólo a los razonamientos, no a las órdenes incongruentes.

Salta a la vista que Rodari no está teniendo mucho éxito, a juzgar por la magnífica cantidad de impresentables y cataplasmas que tenemos que soportar (todos en general pero yo en concreto, que es lo que más me molesta) a diario. Para poner nuestro granito de arena en la solución a este problema de escala global, Cuentos por teléfono está editado en una tapa dura incómodísima para leerlo en el transporte público pero fabuloso para aplicar mi infinitamente célebre técnica anti estulticia: 1) aproxímese al atolondrado que mejor le parezca, 2) póngase frente a él, 3) alce el libro por encima de la cabeza, bien sujeto con ambas manos, y 4) baje el libro con fuerza procurando que el libro impacte en la cabeza de su adversario. Repítase tantas veces como se estime apropiado.

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One Comment

  1. Posted 29/01/2010 at 7:52 pm | Permalink

    Oh, caramba, he vuelto por unos momentos a mi más tierna infancia. Me acabas de recordar que yo tenía ese libro, y probablemente siga acumulando polvo en alguna estantería. Y es extraño, porque recuerdo la sensación de que me gustaba, pero no el contenido. Vamos, que no sabría decirte el argumento de ni un sólo cuento.

    Quizá sea el momento de volver a sacarlo de la balda, a ver qué pasa.

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