Recuerdo que mi madre, hace ya demasiados años, me regaló un libro infame llamado El diablo de los números con el que pretendía que las matemáticas se me dejaran de atravesar y el tedio que me producía estudiarlas en el colegio desapareciera. Unos años después decidí dejar el instituto y meterme a la Escuela de Arte, y a día de hoy apenas sé multiplicar, con lo que salta a la vista que ese libro no tuvo los resultados esperados; ocurrió lo contrario con Niebla, de Unamuno, o con la poesía de Leopoldo María Panero, que sí consiguieron con menos pretensiones (quizá ahí está la clave) acercarme a la literatura. Envidio al niño que lee los Cuentos de así-fue-como de Kipling, porque seguramente a mi edad lo suyo sería una relectura y no un primer acercamiento a un libro tan fascinante como este: tanto los cuentos como los poemas que los rematan como las ilustraciones (fabulosas, y que Kipling explica con un sentido del humor envidiable1) son tan irresistiblemente deliciosas que resulta complicado no volver a la infancia mientras leemos sus páginas, de forma automática y sin esfuerzo. Un feel good book de recomendación imprescindible, en el que se dejan ver muchas claves de uno de los autores de cabecera de Borges: el interés por lo oriental, el respeto por el intelecto infantil, las esvásticas. Una pequeña joya de la literatura infantil.
- La edición de Valdemar, en su colección de bolsillo El club Diógenes, además de barata está ilustrada y bien traducida. A pesar de ello, la reedición de 2008 de Penguin, en sus Puffin Classics, es mucho más recomendable para los que puedan leer a Kipling en su idioma original. Y barata también. [↩]
