Borremos Ítaca de los mapas: sobre el libro electrónico

Leyendo sobre el iPad que presentó recientemente Apple, me he encontrado con esta noticia, en la que se destaca el siguiente fallo del aparato: «Con el iPad no se regala un frasquito de colirio. Digo, para los que lo quieran usarlo de lector de ebooks de forma prolongada». En principio OK, bien, lo acepto, no voy a sacar las garras todavía; pero leyendo en los comentarios encontramos esto:

Nunca digas nunca jamás pero, para mi este nuevo juguete no tiene el más mínimo interés. Si quiero un lector de libros, me compro algo más baratito.

Vale, sé que igual saco las cosas un poco de quicio, pero realmente me aterroriza (ya no me irrita, no me pone de los nervios, no me toca las pelotas) la expresión «lector de libros». Siendo más concretos: me aterroriza el hecho de que se esté creando, o se pueda estar creando, cierto tipo de persona que necesita un «lector de libros» como paso previo para la lectura misma de un libro, esto es, un aparato o reproductor o cacharro que les permita «descargarse» (¿quizá la descarga de cosas será tan masiva en un —no tan remoto— futuro que el hecho de que descargar implique pagar, o sea comprar, sea lo normal, y que la compra esté implícita en la descarga?) el, pongamos, último libro de Pynchon y leerlo? Rodrigo Fresán no es mi autor favorito, debo reconocerlo (sigo pensando que no le he cogido el truco), pero el otro día leí una cita de su última novela que viene bastante a cuento:

Ya está.
Ya se apagó.
No hay más batería.
Out.
Off.
K.O.
Cierro el móvil y abro el libro y los libros nunca se descargan, los libros siempre funcionan, los libros siempre están dispuestos a ser leídos… Máquinas unplugged que se conectan instantáneamente a nuestros cerebros y nos poseen y nos invaden. Tal vez, ahora lo pienso, los libros sean organismos extraterrestres. Seres que nos abducen y nos llevan a otros mundos, a mundos mejores, a mundos tanto mejor escritos que el nuestro.

Los libros «nunca se descargan, los libros siempre funcionan», esa es una de las propiedades que asocio automáticamente al concepto libro: un objeto que no se descarga, que no tiene entrada de altavoces ni un agujerito para enchufarlo a la corriente. Me da miedo —volviendo al tema— que de aquí a 2015 exista un nuevo tipo de lector: el que tiene una colección de libros inexistente, el que lee utilizando un cacharro y que cree que eso le ha hecho más libre, o cualquiera de los mil argumentos estrambóticos que suelen escucharse en los debates sobre si los ebooks son el futuro o no.

I luoghi della memoria scritta. Le Biblioteche italiane tra tute

Hablando de esto con mi buen amigo Xavi Robles, me dijo que el libro electrónico permitiría que muchos autores que ahora no pueden publicar por motivos obvios encontrarían una vía de expresión, una forma de que la gente accediera a su libro y quizá su pasaporte al Olimpo de las letras. Un autor que no consigue publicar un libro en formato físico, ¿podría publicarlo en formato electrónico? Es decir, ¿podría conseguir que una editorial pusiera en marcha su maquinaria para que ese libro tuviera una edición, promoción y recorrido igual al de un libro de, digamos, Rodrigo Fresán? Lo dudo bastante. Leyendo en un blog uno de esos textos que hablan del libro electrónico como herramienta mágica que nos libraría por fin de esa especie de Reich Infinito que es la industria editorial, llegué a un punto en el que se decía que con esta nueva tecnología los editores y los libreros desaparecerían, al dejar su labor de tener sentido, si no se adaptaban a los tiempos. (Esta adaptación pasa, básicamente, por bajar los precios.) Déjenme decir lo que pienso a este respecto: con el libro electrónico el editor no sólo no puede desaparecer, sino que su trabajo resulta infinitamente más importante; la importancia de su trabajo aumenta tanto como aumenta el porcentaje de libros que quieran publicarse. Cuanto más contenido, más grande y resistente debe ser el filtro, o si no ya podemos darnos por bien jodidos. Yo compro libros de Anagrama porque sé que en esa editorial suelen publicar autores que me gusta y porque sé que su línea editorial es de mi agrado. Ahora mismo existen ya muchos libros, hay demasiados libros y resulta angustioso pensar que harían falta varias vidas para poder leerlos todos. Si con el libro electrónico el número de libros publicados (con o sin editorial de por medio) anualmente aumenta en un 800%, digamos, ¿no deberíamos hacer una petición a Dios para que pusiera siete u ocho meses más en el año? ¿No resulta una locura este overflow de libros sin control? ¿Cómo sabremos qué leer y qué no leer? ¿No es angustioso pensar en esa borgeana biblioteca en infinita expansión que acabará siendo, según los defensores del ebook, Internet?

No, no es angustioso. ¿Por qué? ¿Es que si compras un ebook te dan un vale por dos vidas más, para leerte todos los libros del mundo? No, es porque un porcentaje enorme de los defensores del ebook no son lectores. Escribe Alan Pauls que «no todo el mundo ha leído a Borges. Todos, sin embargo, lo han oído»; es increíble que el grueso de la población universitaria (concretemos incluso más, seamos valientes: el grueso de la población universitaria de Letras, gente que debería tener cinco libros pegados al culo 24 horas al día) apenas sepan expresarse por escrito, apenas lean tres libros al año, y ahora resulte que todo el mundo quiera tener acceso fácil a toda la literatura de la historia para apresurarse a devorar la Divina Comedia como si no hubiera un mañana. Más aún: queremos el libro electrónico y la consabida reforma de la industria editorial para comprar libros, queremos tener cuatro mil libros en nuestros cacharros de tinta electrónica y que los cuatro mil sean perfectamente legales, así salvaremos la industria del libro. Creo que sería redundante decir que lo que se pretende con la expansión del libro electrónico es que nos bajemos todos libros gratis, que el nuevo de Dan Brown se filtre una semana antes para comentarlo cuanto antes en foros y blogs, mientras decimos que lo que hacemos es leer libros libres y demás paparruchas de cuento de terror. Dejo caer este link por si se quiere ampliar información.

Sea como fuere, esté uno a favor o en contra del libro electrónico, la cuestión clave es la siguiente: aquí nadie habla de la literatura. Lo que importa es el libro como cosa que se tiene, amontonar información, el ser informado como paradigma del avance del siglo XXI. Amontonar música, películas y ahora libros, eso es lo que nos hará libres; ¿escuchar música?, ¿ver películas? De eso nada: que levanten la mano los que tengan una cantidad obscena de discos y películas que ni siquiera hayan escuchado o visto. Yo, personalmente, conozco a muchos que encajan en el perfil: soy uno de ellos. La dificultad a la hora de conseguir un libro o un disco hace que te impliques más en su posterior disfrute. Decía Cavafis: «Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca / debes rogar que el viaje sea largo (…) No has de esperar que Ítaca te enriquezca: / Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.» Es bonito conseguir un vinilo después de mucho tiempo buscándolo. Es bonito dar con un libro que llevabas tiempo ansiando; cuando lo lees (generalmente al instante y con voracidad) sientes que ese libro te ha concedido ya un hermoso viaje. Más aún: sientes que has comprado un libro, esto es, un «conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen», como dice la RAE. (La RAE también contempla una segunda acepción: Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico.; la Real Academia es una putita de la corrección política y le gusta cubrirse las espaldas.) Cuando compramos un libro electrónico (y de ahí la cursiva del título), lo que compramos no es un libro: es una novela, un poema, un relato, una frase: un conjunto de unos y ceros que no podemos leer, algo que nos es totalmente ajeno a no ser que seamos unos putos locos y sepamos leer código binario. Compramos unos y ceros que no servirán de nada cuando la tecnología quede obsoleta, panorama improbable pero posible. Las bibliotecas del futuro, las compuestas por uno o varios lectores de libros electrónicos que se nutren de tarjetas SD, son bibliotecas imaginarias, invisibles, inexistentes. (Hablaré más sobre las bondades del formato físico en un futuro artículo sobre el disco de vinilo.)

Resumiendo: el mil veces citado «fin del papel» me aterroriza, básicamente porque veo dos fallos enormes en el mercado del ebook: uno, que sus profetas parecen no estar preocupados por la literatura y dos, que las supuestas ventajas parecen más teóricas que aplicables efectivamente, y por tanto me espero lo peor de este formato. La literatura no está ahora mismo en su mejor momento; quizá un paso como este sea radicalmente positivo, pero me imagino que será lo contrario: si los Dan Browns del mundo ya se forran con el formato físico y el estado actual de las ventas de libros, me resulta muy difícil pensar que el libro electrónico y la hipotética «popularización» de la lectura vaya a traernos catorce Bolaños y veinte Vila-Matas, sino más bien cincuenta Coehlos y doscientos Zafones. Sé que me dejo cosas en el tintero, pero volveré sobre este asunto en algún momento. Me gustaría animar al debate a cualquiera de mis millones de lectores; quitadme la razón, convencedme de que el libro electrónico es la leche; si sois dueños de una empresa de lectores de ebooks, mandadme uno a casa. Prometo guardarlo a buen recaudo, entre la tostadora y la batidora.

Ilustración de Jack Cole.

Ilustración de Jack Cole.

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11 Comments

  1. Posted 29/01/2010 at 5:04 pm | Permalink

    Seguramente tengas razón en muchas de las cosas que acabas de decir.
    Pero esto es un continuo avance, el querer tener siempre lo primero en tecnología para cualquier ámbito.
    Paso lo mismo con la música.
    Antes, todo el mundo compraba vinilos, compraba CDs, compraba cassettes…
    Hasta que llegaron los Mp3/Mp4 y los Ipod.
    Seguramente mucha gente, al igual que tú con los Ebook, estaban en contra de este avance, porque se perdía toda la esencia de la música, de comprar el disco y colaborar de esa forma con el artista que te gustaba.
    Y lo mas probable es que en tu casa, tengas más de un Mp3 o algún Ipod, y no es nada malo, yo tengo uno de ellos y actualmente, y tras su caída del precio en el mercado, hasta el más tonto puede tener un mp3.
    Ahora está pasando lo mismo con los libros y los ebooks.
    Y en el futuro tarde o temprano, es posible que también nos toque cambiarnos a nosotros.
    Yo personalmente, seguiré comprando mis libros de papel hasta que las editoriales dejen de sacar títulos, porque para mí, una de las cosas importantes de los libros, es que disfruto comprándolos, disfruto con el olor que desprenden sus páginas y el sonido de las hojas al pasarlas.

    Ojala tengas razón y todo esto termine siendo un absoluto fracaso, pero mucho me temo, que como el resto de cosas, terminara cogiendo fama, bajando su precio y todo el mundo tendrá un Ebook y se convertirá en un “nuevo lector”

  2. pinjed
    Posted 29/01/2010 at 9:18 pm | Permalink

    A ver, por partes:

    - Obviando el iPad en el que NO se puede leer, el tema de los lectores electrónicos es, nos guste o no, el futuro. Y no por comodidad (aunque a mí en concreto me resulte más cómodo leerme un timo de 3.000 páginas en un eBook que en físico, por mis circunstancias), ni por ansias de evolución tecnológica: es que los libros, a medio plazo, son un formato no sostenible. A riesgo de que me llames abraza-árboles, el papel no es infinito, y el número de publicaciones se multiplica cada año y el volumen de libros/revistas/periódicos que se imprimen hoy en día es de dimensiones cósmicas. Del mismo modo, el crudo también tiene las décadas contadas, y nadie se ha quejado de que se invierta en la explotación de otras energías excepto, evidentemente, las petroleras.

    - Estoy de acuerdo contigo en que lo de asociar gratuidad a libertad es esperpéntico, por eso yo sólo abogo por lo primero. Quizá algún día me arrepienta de mi conducta, pero si puedo conseguir algo gratis y sin sufrir consecuencias inmediatas, no pienso pagar por ello. Y la libertad se la dejo para los que realmente carezcan de ella, porque no tiene nada que ver en todo este asunto.

    - Lo siento pero Xavi tiene razón. Un autor que ahora no pueda hacer llegar su libro a las masas sí lo tendrá más fácil por medios digitales, por razones bastante evidentes: para que una editorial acepte corregir, maquetar, imprimir, transportar, publicar y promocionar tus escritos, primero debe hacer un balance económico y decidir si es rentable o no. Si hablamos en un contexto digital, la inversión sigue existiendo pero es considerablemente menor por cuestiones logísticas. Con lo cual, si el margen de riesgo es menor, las posibilidades de publicar ciertos textos simplemente crecen.

    Hemos visto lo mismo en la iTunes Store. El tipo que hizo Canabalt se debe de estar forrando salvaje y merecidamente, pero hace cinco años el juego lo conocerían los cuatro que visitan la página donde esté alojado en versión Flash.

    - Tu visión de la compra de libros como un viaje a Ítaca, en el que disfrutas del camino y no sólo del fin, es enternecedora y romántica, pero no me sirve como argumento. Quizá tú lo vivas de esa forma por tus circunstancias y tu perspectiva de cómo son o cómo deben ser las cosas, pero no puedes aplicar eso mismo a todo el mundo. Para mí un libro es lo que me cuenta su autor y cómo me lo cuenta. También influye, obviamente, cuál es mi impresión de dicho autor por lo que sepa de él, o mis opiniones previas sobre lo que está explicándome, pero el viaje a la librería, la exploración de ejemplares, la conversación con el librero o la discusión con la vecina a la quien le he pisado el recién fregado suelo del rellano cuando volvía de comprar el libro, desde luego que no.

    - Es muy probable que el volumen de paja literaria o mierda con letricas aumente exponencialmente con la expansión de los libros digitales, es cierto, pero la saturación y masificación de los medios es algo con lo que llevamos años luchando en otros frentes, y siempre hemos aprendido a separar el grano de la paja. Se hace mucho más cine que en los años cincuenta, y la mayoría es mucho peor, pero se sigue haciendo buen cine si sabes dónde mirar. Y si entre toda esa basura inmunda atestada de Zafones y Coehlos encontramos algún pequeño profesor de instituto en Nebraska que ha tenido un chispazo de genialidad y nos regala un disfrutable tesorito literario, para mí ya habrá valido la pena.

  3. Paracelsiux
    Posted 29/01/2010 at 9:19 pm | Permalink

    Cuando cambiemos de planeta sube tú los libros a la nave y búscales sitio ;)

    Los ebook no sustituyen, complementan el acceso a la memoria del mundo.

  4. pinjed
    Posted 29/01/2010 at 9:20 pm | Permalink

    Donde dije “timo” quería decir “tomo” xd

  5. A
    Posted 29/01/2010 at 9:44 pm | Permalink

    Discrepo con muchas cosas. No sé hasta qué punto van a sustituir los libros electrónicos a los tradicionales. Los modelos que hay ahora no me gustan mucho, la verdad. Pero veo en tu defensa del libro tradicional argumentos de puro fetichismo y desconocimiento de la realidad.

    Si hubieras sido coetáneo de Gutenberg, ¿hubieses dicho que los libros acababan con Ítaca porque el maligno invento hacía los libros mucho más accesibles? Fíjate que si te sitúas en ese momento, podrías achacar a los libros impresos (por supuesto, eso no serían libros de verdad y habría que ponerlo en cursiva) muchos de los problemas que les ves a los electrónicos.

    La tecnología ha cambiado, el mundo ha cambiado y lo que significa ser culto también ha cambiado. Por supuesto, el ser humano no ha cambiado tanto: nunca serán demasiados los que lean a Sófocles, ni en códice, ni en libro impreso, ni en libro electrónico. Pero eso no será culpa de estos últimos.

    Así que, venga, no me seas lestrigón, cíclope ni Poseidón :-)

  6. chiconuclear
    Posted 29/01/2010 at 10:10 pm | Permalink

    pinjed, querido abraza-árboles, desde luego que no aplico mi visión romántica de la literatura a todo el mundo. Sé (de primera mano) que las librerías no son discotecas donde la gente va a pasárselo fetén mientras explora las estanterías, y por eso no he mandado este texto a una revista en papel para que lo publicaran; más aún, por eso lo he publicado en mi blog, que no deja de ser un formato digital. No estoy en contra de lo digital, válgame Dios: estoy en contra (mejor dicho, tengo miedo) de la necesidad de lo digital. Por hache o por be casi todo lo que sé lo he aprendido leyendo, y el 90% de mis lecturas han sido de libros. Sabes que soy lector asiduo de blogs, de periódicos online, de todo tipo de webs; ¡hay incluso un libro electrónico que incluye un relato mío! Pero tengo miedo (insisto, casi todo el texto es producto del miedo) de que lo electrónico traiga consigo un boom de ese coleccionismo absurdo y deprimente que ya se lleva a cabo con la música. Tener millones de mp3 no significa que tengas una discoteca bien nutrida. Me parece algo que no tiene ningún valor. Y que los libros se devalúen es lo que más miedo me da.

    No recuerdo quién lo dijo, pero venía a decir que era una lástima que la gente comprara libros creyendo que con la compra absorbían los contenidos. Canetti escribió que tenía un sentimiento físico con los libros, que se despedía de ellos y que el hecho de tener en su biblioteca libros sin leer le daba fuerzas para seguir vivo. Salvando las distancias, me identifico totalmente con él. A mí me gusta el libro más que como contenedor de «la memoria del mundo», como dice Paracelsiux, sino como objeto. Si viviera en Japón seguramente ya me habría casado con algún libro, o habría conseguido que declarasen a mis libros mis concubinas y me habría montado un harén de libros. Esto es así. Estoy de acuerdo contigo en lo del papel, que no es infinito, y en lo de la comodidad para cierto tipo de lector, pero de algún modo me temo que la popularidad del ebook no va a traer más que desgracias. Pero, insisto, es una opinión totalmente irracional y fruto del pánico.

    Llevo, también, una semana encerrado en casa porque no tengo dinero ni para comprar un T10, ni para tomar un miserable café en el bar de mi calle. Y es porque me gasté todo mi dinero del mes en libros. No me arrepiento especialmente por ello.

  7. chiconuclear
    Posted 29/01/2010 at 10:16 pm | Permalink

    A, no había visto tu comentario. Como digo en la respuesta a pinjed, es realmente probable que este artículo sea fruto del fetichismo y el desconocimiento de la realidad, pero es que mi realidad incluye demasiadas páginas en papel como para cambiarla de la noche a la mañana. Mi madre me alumbró en una biblioteca y mis primeros pañales estuvieron hechos de páginas de Antonio Gala, así que no me culpes.

    Es broma, no nací en una biblioteca. Por supuesto, que la gente no lea las Soledades de Góngora no es culpa del libro electrónico, pero si nos ponemos a buscar el motivo de esto podemos estar toda la vida. (O podríamos concluir también que la cultura no es obligatoria, y que si a mi madre, trabajadora infinita y ama de casa y la mejor persona que conozco, no le apetece leer a Sófocles, pues que no lo haga y punto; lo mismo con cualquier persona.)

  8. pinjed
    Posted 30/01/2010 at 2:38 am | Permalink

    Tu respuesta ha sido tan honesta y me ha despertado tantas simpatías que he pensado que podríamos quedar un día de estos y quemar un MediaMarkt con sus empleados dentro.

    Yo te pago la T10 y lo que haga falta.

    Un abrazo.

  9. Nacho Viejo
    Posted 30/01/2010 at 4:33 am | Permalink

    Poco a poco:

    1. Voy borracho como una urraca

    2. El 800% de infinito es infinito. Si escribes esto desde la angustia de no poder leer todo lo que sale/existe/te gustaría es un problema tuyo que no tiene nada que ver con que los ebooks existan o no. Te habría pasado hace cien años y te seguirá pasando mientras tengas sangre en las venas y ay gracias al señor por esa angustia.

    3. El papel también es infinito, a efectos prácticos, pero eso no quiere decir que un libro no sea un lujo. Pasa a serlo desde el momento en que existen medios de reproducir la misma obra más baratos, como es el caso.

    3. Decir que la literatura en formato digital pasa por ser UNOS Y CEROS es TRAMPA. La adoración por el libro (libro=objeto siempre) que PROFESAS suena igual de ridícula si desvinculas la obra literaria con el formato que la contiene, pues estarías adorando pasta de fibra vegetal y líquido pigmentado.

    3. Los editores tampoco desaparecen, sólo evolucionan como todo. Si hasta ahora para ser buen editor necesitabas buen gusto y dinero ahora necesitarás buen gusto, Wordpress y constancia. El otro aspecto del editor que omito conscientemente, el de alguien que valora la viabilidad económica de publicar, se pierde en el momento en que poner una obra literaria en circulación cuesta tanto como hacer clic en “Exportar como PDF”. Luego FILTROS pues cada uno se buscará los que mejor le vengan. Siguiendo con el ejemplo de Anagrama, ahora tú te fías del Herralde y mañana te fiarás del Anobii de tus conocidos, de Miguel Ángel o de un foro de sudacas drogadictos que encuentres un día de casualidad. Más difícil, si, pero a la larga más satisfactorio. Ay, y lo mejor de todo es que Herralde seguirá existiendo.

    3. Saber contar está sobrevalorado.

    Me dejo cosas que antes tenía en la cabeza. Espero recordarlas para después del hatemail.

  10. chiconuclear
    Posted 30/01/2010 at 10:57 am | Permalink

    El día que tenga que fiarme de aNobii o de un foro de sudacas drogadictos (de Miguel Ángel ya me fío, y de algunos más), mal iremos. Me parece otra forma de necesidad tecnológica creada o adquirida y que es espantosa. Comentar en aNobii y en foros me parece estupendo, y por eso lo hago diariamente, pero no lo veo viable como sustituto al contacto humano: si camino por una librería (esos aNobiis que hay en las calles) y un viejo me recomienda La paloma, de Suskind, es probable que lo compra y lo lea; si en una biblioteca me encuentro con un grupo de sudacas drogadictos que están comentando un poemario que no conozco, seguramente me interese por él.

    Esta noche he soñado que alguien entraba en mi biblioteca y me cogía los libros para exponerlos en una discoteca (!!!); al poco, había una pelea terrible y muchos de mis libros resultaban heridos, y me he despertado con tantas ganas de poner una denuncia que he tenido que ir a mi despacho y abrazar el Decamerón como si fuera Adriana Lima. Qué angustia, hijos míos, qué angustia.

  11. Nacho Viejo
    Posted 30/01/2010 at 4:12 pm | Permalink

    Lo de Anobii era sólo un ejemplo. Donde digo Anobii me refiero al último eslabón de la cadena de recomendaciones que va desde que el autor decide mostrar lo suyo a alguien hasta que tú te enteras.

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