Barcelona: gentes y costumbres (V)

Después de la larga temporada de viajes que me ha mantenido alejado de este blog, que tantas alegrías y diversiones me da, tocó la inevitable vuelta a Barcelona; gracias a mi afición fogosa por dejar las cosas para el último día, perdí cualquier posibilidad de realizar el viaje desde Burgos (donde estaba ayer, pero no antes de ayer; ¡vida de viajero!) en avión o tren, así que tocó chuparse las diez horas del autobús que me ofrecía Alsa, que desde hace menos de 24 horas es la patrocinadora oficial de mis peores pesadillas: el porqué, a continuación.
esvalsica
Yo soy una persona bastante confiada, por lo general, y no me cuesta prestar dinero (cuando lo tengo) o dejar a mi numerosa progenie en manos de cualquiera que me haya demostrado cierta fiabilidad. Pero hay cierta gente de la que desconfío irracionalmente: los abstemios, por ejemplo; los vegetarianos radicales; la gente que se duerme con demasiada facilidad en cualquier lugar. Es este último tipo de individuo el que he tenido que soportar, durante diez horas, en el asiento de al lado del viaje de vuelta a Barcelona. Para colmo, yo estaba en un asiento de pasillo y sin posibilidad de huir de allí: el bus estaba totalmente lleno.

Unos veinte minutos después de que el autobús arrancara (serían alrededor de las doce y diez de la noche), y mientras yo trataba de leer, el buen hombre (un tipo de unos treinta años, corpulento y de manos toscas, con aspecto de trabajador manual) apoyó la cabeza en el cristal y se echó a dormir con una facilidad que me dejó realmente inquieto. ¿Cómo pudo dormirse así? ¿Cómo soportó tan estoicamente la vibración infernal del cristal golpeándole en la sien? Evitando llenarme la cabeza con tonterías de tal escala, volví a mi lectura, ignorante de lo que vendría después. Lo reproduzco ordenándolo por horas.

1:00: Aunque tengo un poco de sueño, el hombre de mi lado me impide dormir: el sonido de su respiración es fuerte y me desconcentra, lo cual puede parecer una manía asquerosa y extrema pero es así: necesito concentración para dormirme. Como no puedo dormir, sigo leyendo.

people-staying-awake2:00: Marco Aurelio me dice, usando un libro para superar el escollo de los siglos, que si algo no daña a la ciudad, tampoco me daña a mí; vaya, que soy gilipollas, porque me siento profundamente molesto y dañado por los ronquidos, que han aumentado en intensidad, y la corpulencia, que me quita un buen cacho de mi asiento: el tipo se ha asegurado de estar bien cómodo.

3:00: A medida que esa bestezuela infame que tengo a mi lado progresa en su sueño, sus ronquidos se hacen más y más demoníacos. Hace rato que he apagado la luz y trato de dormir, pero cuanto más empeño pongo por conciliar el sueño más me fijo en los ronquidos, y más intensos se hacen en mi mente. Al mismo tiempo, cuanto más me fijo en sus ronquidos más monstruoso me resulta el tipo: sus manos de trabajador manual me parecen manos de homo habilis, su cara (boca abierta, gesto imbécil, pegada la sien al cristal helado) parece de gorila más que de humano. Comienzo a estar verdaderamente agotado y veo todo con malos ojos: la puta de enfrente ha echado el asiento para atrás, robándome más espacio aún, y el hijo de perra de atrás está apoyado en mi asiento, impidiéndome recostarme. Comienzo a tener ganas de asesinar a la anciana que viaja en el asiento de mi otro lado, que va dormida y no tiene ninguna culpa.

4:00: Completamente desesperado, intento todas las posturas que se pueden adoptar en un asiento de autobús, que no son muchas y además son todas muy incómodas. Mis opciones son muy limitadas y, aunque intento empujar a mi desgraciado compañero para que se aparte y, de paso, deje de proferir esos gruñidos del demonio, él no despierta: posiblemente su cerebro sea una piedra, y así consigue él este estado tan parecido al de una estatua con un altavoz dentro.

5:00: pasados diez minutos de las cinco, miro el reloj, ya a punto de arrancarme todos los pelos de la cabeza. Los ronquidos se han mantenido con esa intensidad frenética durante tres o cuatro horas, y no he estrangulado a nadie: mientras pienso en reclamar el Nobel de la Paz, sigo moviéndome en el autobús como un pez moribundo fuera del agua, buscando la postura que me libre de esta horrenda vigilia forzada que me está destrozando los nervios. La última vez que miro el reloj son las 5:40. En este punto, todo se nubla. Duermo.

2003_the_texas_chainsaw_massacre_0046:10: Mientras siento la felicidad más merecida de todas las que he alcanzado con una siestecita en toda mi vida, comienzo a notar golpecitos en los riñones. Totalmente obcecado en mantener este sueño como sea la hora y media que queda de viaje, trato de ignorar los golpes hasta que me resulta imposible: mi compañero, ese hombre de las cavernas que me acompaña de vuelta a Barcelona, me está dando con el codo para que me despierte. El maldito psicópata lleva seis horas roncando con la misma intensidad de un reactor de Boeing 747 y ahora intenta que me despierte, por Dios sabe qué maquiavélico motivo. ¿Puede ocurrir algo más para que mi vida sea un poco más infierno? Claro que sí: el conductor ha puesto la radio y un programa de música de baile retransmite un remix de Bad Romance, el último single de Lady Gaga. Totalmente desvelado (el remix no era bueno, desgraciadamente), me debato entre la locura y el suicidio, porque no hay más opciones después de una noche tan terrible.

7:30: Después de una hora de música dance verdaderamente penosa, el bus llega a la estación. Bajo a la estación tambaleándome, moviéndome a duras penas y sacando la enorme maleta con un esfuerzo sobrehumano. Débil y sin poder casi pensar con coherencia, me meto en un taxi. No puedo recordar ninguna vez anterior en la que llegar a la cama me haya sabido tanto a victoria y a gloria eterna.

Hasta aquí la quinta parte de Barcelona: gentes y costumbres.

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3 Comments

  1. Mr. Tamura
    Posted 14/12/2009 at 7:10 pm | Permalink

    Ay actualisó wey. Pinche maraco, conchesumare ci? Esto me ha recordado a cuando estuve en el hospital, y me tocó en una habitación con dos viejos que roncaban que ¡madre! eso no era normal, que eso no eran personas, eran dos motores viejos. No bromeo; se quejaban de los ronquidos los pacientes de habitaciones contiguas.

    A menudo pensé en golpearles con mi pene en la cara fuertemente. Usar cosas públicas es lo que tiene; dan ganas de golpear a la gente en la cara con el pene. Me pregunto qué harán las chicas jóvenes de bien, como yo, en mi situación.

    No me extiendo más, mi conclusión es que no se puede ir sin pene por la vida.

  2. Posted 21/12/2009 at 7:06 pm | Permalink

    Yo duermo como una piedra. Donde sea. En la postura que sea. Las horas que sea.

    Y soy de fiar! ^^

    TRUCAZO: Botella de agua quecae, misteriosamente abierta, hasta la entrepierna del australopiteco en cuestión. “Uuuuuuyyyyyyy!! que despiiisteeeeeee!!!! perdona tio, quieres un kleenex?”

  3. Posted 25/12/2009 at 9:42 pm | Permalink

    Pope y yo releímos esta entrada y reímos pensando en lo MAL que lo pasaste. Is that too much?

One Trackback

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