Hace poco escribí una entrada en este blog titulada El sueño de la publicidad produce monstruos. En ella, reflexionaba sobre el abuso de publicidad que los diarios online llevan a cabo, un abuso que básicamente patea en la boca al lector insultando su inteligencia a niveles que me parecen demenciales. En ese texto se podía leer lo siguiente:
¿Por qué no colocar una página antes de la portada de la versión en papel, anunciando calzoncillos, y que sea el usuario quien tenga que arrancar esta página si quiere acceder a los titulares?
Pues bien, cuál es mi sorpresa al enterarme (gracias al atento cuidado que me procura Carlos Cerdeña, dándome información sobre lo que ocurre en el mundo) de que Los Angeles Times ha abierto la veda tapando la portada de su diario en la edición de papel con un enorme anuncio de la adaptación de Alicia en el país de las maravillas que ha hecho Tim Burton. La publicidad se ha comido a la noticia: Johnny Depp, con sus ojillos de Sombrero Loco, nos observa desde la portada negándonos la primera página. Me siento profundamente triste al ver convertida en realidad mi propia profecía, y eso que cuando escribí esa entrada, hace casi un mes, pensé que la propuesta era lo suficientemente absurda como para que jamás se llevara a cabo. Un día triste para el periodismo.
Vamos a hacer un pequeño ejercicio. A continuación tenemos dos portadas: las dos esconden detrás el mismo libro, en este caso En tierras bajas, de Herta Müller. Es, básicamente, el mismo libro: el mismo texto, la misma poética, la misma intención, todo lo mismo. Miremos las portadas:
Amy y Cornelius son dos yonkis que viven en Swansea, Gales. Swansea Love Story parte de su seguimiento, de su día a día, de espiar su intimidad, digamos; un punto de partida muy similar al de Dope Sick Love, documental de la HBO que ya he mencionado en alguna ocasión. A diferencia de esta última, la película que nos ocupa ahora no huye del efecto y de esa cierta épica del romance entre drogatas que tanto gusta a la generación hipster (aunque debo reconocer que yo también siento cierta atracción romántica por ellos). El resultado es una buena película con momentos asombrosamente potentes que quizá peca de errática, algo morbosa y demasiado ligera en algunos puntos. Pero de alguna forma la filosofía del documental me recuerda a un diálogo bastante memorable de El Pico (De la Iglesia, 1983), que dice así:
—Qué andas, repartiendo drogas, ¿no? ¿Te las da tu padre o qué?
—No: me las da tu puta madre.
Como todas las mañanas, hoy me he metido a la web de El País a ver cómo van las cosas fuera de esta casa de la que tan poco salgo. A pesar de que no era mi intención, me chupé un anuncio terrorífico que ocupaba toda la pantalla y que me avisaba de que si soy autónomo, con Movistar tengo una tarifa que me ofrece llamadas gratis. Una vez atravesado esto, leo: «Merkel pide sanciones para evitar que Irán tenga la bomba atómica». Angela Merkel, canciller alemana, tiene miedo de que Irán desarrolle la bomba atómica y se convierta en un peligro. Pone: «La OIEA, organismo dependiente de Naciones Unidas (ONU), ha elaborado un documento de 10 páginas del que se extrae que target=blank>(sic)Teherán puede estar trabajando en el desarrollo de cabezas nucleares para misiles.» Encima tiene erratas. Ligeramente desquiciado, he accedido a la web de El Mundo sólo para comprobar que Orange también tiene alguna oferta jugosa que ofrecerme; lo he sabido porque un anuncio intrusivo y lamentable ha ocupado mi pantalla durante unos segundos. Ya dentro, leo: «Muere un niño de cuatro años al desplomarse el techo de su casa». Me intereso por el suceso: hago clic en el titular y, dentro de la noticia, un anuncio de Shutter Island, la nueva película de Scorsese, se come la pantalla y me impide ver qué ha pasado con el pobre niño; cuando me deshago de la publicidad la navegación no mejora demasiado, sino que se transforma en una aventura: rastrea la información entre anuncios de Vodafone, Movistar, Páginas Amarillas y Banesto, y ten mucho cuidado de no poner el cursor donde no te mandan porque el anuncio letal de la última de Scorsese puede salir en cualquier momento, ocupando toda la puta pantalla.
El mensaje final está claro: cuando un periódico da más importancia a la publicidad que a la información (cuando un niño muerto deja de ser un niño muerto y pasar a ser sólo unos cuantos millones de impresiones de los banners), el resultado sólo puede ser catastrófico.
¿El niño? Debajo de DiCaprio, creo que nos lo hemos dejado por ahí.
Estos días no tengo tiempo para actualizar el blog, pero creo necesario celebrar algo: Google ha lanzado Buzz, un invento que promete revolucionar las redes sociales y ponernos definitivamente la correa a todos de forma que no podamos escapar de las garras de esta amorosa macrocorporación que es Google nunca jamás. Lo celebro, y por ello embebo este vídeo que he encontrado en Twitter y que me ha hecho mucha gracia.
Si vuestra calle no sale en Street View, dad las gracias: si este señor pasa a sacar las fotos lo mismo acabáis atropellados de camino a comprar el pan. Cortesía del grupo F.A.T.
La Fundación del Español Urgente advierte de la existencia del neologismo détox, que significa ‘desintoxicante’ y que se aplica a un tipo de dieta o menú.
«Détox», un neologismo saludable, en La Vanguardia, 7 de febrero de 2010.
El Confidencial Digital se escandaliza: «El recurso al “sexo cutre” en forma de documental solivianta a los directivos de Cuatro». Más allá de lo que me parezca la noticia y la web que la alberga (terrible lo primero y terrible lo segundo), debo coincidir en la base de la noticia: el programa de Cuatro hosted by Rafa Méndez en la noche del lunes, After Hours, es un descalabro de proporciones épicas.